José Calvo Poyato, historiador y novelista: “Pedir perdón por algo ocurrido hace 500 años solo busca distraer la atención”

ENTREVISTA

El expolítico, historiador y escritor José Calvo Poyato abrirá con una ponencia sobre la leyenda negra española el nuevo ciclo de conferencias que organiza el Concello de Monterrei en el Parador

El expolítico, escritor e historiador José Calvo Poyato.
El expolítico, escritor e historiador José Calvo Poyato. | Cedida

El reputado historiador y prolífico escritor de novela histórica José Calvo Poyato (Cabra, Córdoba, 1951) participa este viernes 22 en el Parador de Monterrei en el ciclo de conferencias “Monterrei: Literatura e Historia” con su ponencia “La Leyenda Negra de los Dueños del Mundo”.

El ciclo abrirá sus puertas a las 17,00 horas y a las 18,00 arrancará con una intervención de su director, Miguel Losada, y del alcalde de Monterrei, José Luis Suárez. Tras ellos, además de Calvo Poyato, participarán el historiador José Luis Corral y la novelista Luz Gabás. El sábado 23 será el turno de los escritores Rosario Raro y Pedro Feijoo, y del historiador Juan Miguel Zunzunegui.

Pregunta. Siempre recalca que la leyenda negra no tiene un único autor.

Respuesta. La idea de leyenda negra surge en Italia, básicamente porque una parte muy importante del territorio de lo que hoy es Italia estaba ocupado por una potencia extranjera, España. A eso se añade que hay algún papa español en aquel momento, como el caso de Alejandro VI, que queda como paradigma de papa poco recomendable en cuanto a su comportamiento moral. Luego en Alemania Lutero es una figura muy importante. Es un antisemita declarado y, por lo tanto, considera que los pueblos del Mediterráneo, que tienen mucho contacto con los semitas, son pueblos contaminados. Además, son papistas, ¿no? Todo esto va configurando una especie de amalgama que va a alcanzar, desde mi punto de vista, su cénit en Flandes, en los Países Bajos, y la Inglaterra isabelina. Que yo creo, fundamentalmente, que es la única manera de luchar que tienen estos países frente a un país hegemónico como es España, al que ni política ni militarmente tenían capacidad para enfrentarse de una manera decidida y poder vencerle. Por lo tanto, van a ir hormando una serie de características que acompañan a los españoles, que son una especie de combinación de todos los males sin mezcla de bien alguno. Eso es la leyenda negra. Y además también habrá algunos españoles que se encarguen de colaborar en ella.

P. Afirma que la leyenda negra caló entre nosotros por nuestra preferencia por lo extranjero,

R. Han influido varias cosas. En lugar de hacer una defensa a ultranza para rechazar esa leyenda negra, cuando se ha querido combatir en alguna ocasión se ha hecho mal, porque pretender sustituir la leyenda negra por una “leyenda rosa” es un error tan grande como la propia leyenda negra. Las cosas no son ni totalmente oscuras ni totalmente claras, hay muchos matices y una gama de grises muy amplia. Lo que yo defiendo es que la historia de España tiene momentos particularmente brillantes en el conjunto de la humanidad. Y eso es a lo que se ha pretendido darle poca importancia, incluso ocultarla. Parece que nos hemos sentido más cómodos en los momentos tristes de nuestro pasado, en los momentos oscuros, que también existen. En ese sentido, mi opinión es que la mejor forma de combatir esa leyenda negra es aportar datos que son contundentes. Por ejemplo, el número de universidades que funda España en América, cerca de una treintena, no tiene parangón, por ejemplo, con lo que hicieron los ingleses o los franceses, que prácticamente no hicieron nada en ese terreno. O el hecho de que en la actualidad haya una gran cantidad de monumentos, de edificios, en lo que fue Hispanoamérica que han sido declarados Patrimonio de la Humanidad por un organismo internacional como la Unesco. En contraposición no han declarado absolutamente nada hecho por los ingleses en la época en que los actuales Estados Unidos fueron sus colonias.

P. Sostiene que la leyenda negra ya tiene “más vitalidad” dentro que fuera de nuestras fronteras.

R. Fuera hoy ya la leyenda negra se ha deshecho en buena medida, pero no ha desaparecido. No hay más que ver los libros de texto con los que se educan, por ejemplo, los estudiantes en los Estados Unidos. Es decir, la imagen de los colonos ingleses es la de una señorita con una caperuza echándole maíz a los pollos. La imagen de los españoles es la de un individuo con cara de enfadado, con mala baba, con un morrión puesto, una espada en la mano. Esas son las ilustraciones, aparecen en una página, en otra, y se siguen diciendo auténticas barbaridades sobre la Inquisición. Si usted abre una página en Google y busca “expulsión de los judíos”, verá que la primera que aparece es España, cuando fue uno de los últimos sitios de los que se expulsa a los judíos. Los reyes de Francia los expulsaban, los volvían a admitir para quedarse con el dinero y volver a expulsarlos, y lo hicieron media docena de veces. Muy pronto lo hicieron los ingleses, pero da la impresión de que solamente la expulsión de los judíos ha tenido lugar en España.

P. ¿Cree que deberían pedir perdón el Gobierno y la Corona por algo de lo acontecido en Hispanoamérica durante la Conquista?

R. No, yo creo que no, en absoluto. La historia es un proceso y lo que no podemos utilizar es el presentismo. Que hoy se quiera pedir perdón por lo que ocurrió hace 500 años, 400, 300 años... ¿Le vamos a pedir nosotros a Italia que nos pida perdón porque los romanos ocuparon este territorio y explotaron las minas, esclavizaron a muchísima gente? Son actitudes que utilizan el presentismo: tratar de traer al tiempo en que nosotros estamos viviendo cosas que ocurrieron en el pasado y que no tuvieron sentido. ¿Tiene que pedirle Estados Unidos perdón a México por haberse apoderado de un millón y medio de kilómetros cuadrados que pertenecían a México cuando era un virreinato español? A mí eso me parece que son actitudes que buscan, en algún caso, distraer los graves problemas que alguien tiene dentro. Esto se ha utilizado muchas veces a lo largo de la historia: la búsqueda de un enemigo exterior o de alguien a quien culpar externamente de los problemas que se tienen en el interior para distraer la atención.

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