Dos perros mueren envenenados en un presunto caso de acoso y venganza en Monterrei (Ourense)
Estricnina para dos perros: “Los envenenó para hacerme daño”. Un exnovio está acusado de burlar una orden de alejamiento con una peluca para suministrar el tóxico en Monterrei (Ourense)
Cuando D. recibió una llamada de teléfono sobre las diez y media de la mañana del 29 de mayo del pasado año y su marido le advirtió que le iba a dar “la peor de las noticias” supo de inmediato que a Lin y Lúa les había pasado algo malo. “Acababa de ver a mi hijo y sabía que se encontraba bien, por lo que supuse que era algo relacionado con los perros”.
El border collie y el pastor vasco que velaban por la seguridad de las ovejas y la familia habían muerto entre espasmos delante de su marido cuando este último acudió a la nave en donde se resguardaba el rebaño, próxima a la vivienda familiar de Sandín (Monterrei). Ya ante la jueza de Verín, en un primer momento, dio el nombre del sospechoso, Serafín Rúa Falgueira, un vecino de Vilardevós con el que en el pasado había tenido una relación sentimental, y, según sostiene, está muy obsesionado con ella. “Siempre está pendiente de mí: qué haces, dónde andas (…); un control total ”.
La perjudicada también aventuró, ese mismo día 29, la causa de la muerte de los perros: la estricnina, un veneno muy letal que no se comercializa en España, pero se puede conseguir a escasos kilómetros de la comarca de Monterrei, en el país vecino. “Sabía que él utilizaba esa sustancia porque en alguna ocasión me dijo, cuando el lobo le atacaba el rebaño, que iba a buscar ‘el jarabe’ a Portugal ”, explicó D. en la vista oral celebrada este viernes en el Juzgado Penal 2. “Los envenenó para hacerme daño”, declaró a preguntas de la fiscal, para añadir a renglón seguido el temor con el que vivía por “sus muchas fechorías” . “Mi vida le pertenecía a él”, apostilló.
La autopsia confirmó el envenenamiento con ese potente tóxico y la jueza que presidió la vista ora dirimirá si fue o no Serafín el autor del atroz maltrato animal. En el mismo proceso se le juzgó por un delito más, quebrantamiento de medida cautelar. D. ya lo había denunciado por acosarla el 28 de marzo de ese mismo año: “Me llegó a poner una pistola en la cabeza mientras me decía: ‘No te va a doler nada’”. La jueza, a raíz de ese asunto, le había prohibido acercarse a ella a menos de 200 metros, incluido su pueblo -Sandín-, y los perros murieron en la nave donde estaban las ovejas y los corderos.
La denunciante aseguró que también sospechó de él porque su marido ese mismo día, antes de entrar junto al ganado, vio una furgoneta extraña de color blanco en el camino con un conductor con peluca y sombrero. Días antes dos vecinos avistaron ese vehículo -alguno apuntó que era matrícula de A Coruña- pero sin llegar a identificar al conductor. “El sobrino de Serafín tiene una furgoneta blanca”, aseguró D. No obstante, ese mismo sobrino aseguró que nunca prestaba a nadie esa “vieja furgoneta”.
El móvil geolocalizado
El principal indicio contra el inculpado es la geolocalización de su móvil ese día. La Guardia Civil constató que a las 09:29 horas el teléfono quedó bajo la cobertura del repetidor de Sandín. Serafín aseguró que dejó olvidado el móvil en el salpicadero del coche de un señor de Portugal, al que conocía de verlo en la feria de Chaves, cuando lo acompañó en busca de alguien que le vendiera hierba. “Me lo encontré en Verín en una explanada donde aparqué mi coche y me preguntó si conocía a alguien que vendiera hierba y le di el nombre de una vecina de Sandín, me monté en el coche con él, pero yo no fui a ese pueblo con él porque tenía la orden de alejamiento”, aseguró. Después se vieron y, según esa versión, le devolvió el teléfono. Delfín Alves Morais le dio coartada, aunque las acusaciones pusieron en duda la credibilidad de este testigo por la rocambolesca historia, máxime porque el supuesto comprador regresó sin hierba alguna. Tan siquiera se llegó a entrevistar con la persona que debía vendérsela. “Sus declaraciones adolecen de bastantes contradicciones”, aseguró la fiscal, mientras el abogado del inculpado insistió en que “un teléfono olvidado en un vehículo no es prueba de nada”.
Los dueños de los perros (D. y su marido) pusieron de manifiesto en el juicio “el trauma” que supuso el envenenamiento de sus mascotas. “Eran mis compañeros de vida junto a las ovejas, los quería mucho”, resaltó el esposo.
“Mi hijo desde que murieron no volvió a dormir”, precisó la víctima. En su relato trató de clarificar el vínculo emocional: “Un día mi hijo se lesionó y se desmayó al pie de la carretera y Lin se tumbó a su lado para reanimarlo con lametones y protegerlo mientras yo no llegaba”.
El encausado, en prisión provisional por los delitos juzgados ayer desde que fue detenido el 24 de julio de 2025, se enfrenta a peticiones de hasta de cinco años de prisión y 5.175 euros de indemnización (la petición de la acusación particular). La Fiscalía también reclama cárcel: cuatro años y cinco meses.
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