GUERRA COMERCIAL
Asia aguanta el pulso a Estados Unidos en los acuerdos comerciales
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Las negociaciones comerciales entre Estados Unidos e India atraviesan uno de sus momentos más delicados. Washington busca un acuerdo que amplíe el acceso de sus empresas al mercado indio, mientras el Gobierno de Narendra Modi se resiste a acelerar las conversaciones sin obtener concesiones en sectores considerados estratégicos, como la agricultura, la industria o el comercio digital. Hace apenas unos años ese pulso habría tenido un claro favorito. Hoy, sin embargo, Nueva Delhi negocia desde una posición de mayor fortaleza, respaldada por una economía que figura entre las de mayor crecimiento del mundo y por un peso creciente en el comercio internacional.
Ese cambio resume una transformación mucho más amplia. Asia ya no es únicamente el gran centro de producción mundial, sino un actor con capacidad para influir en las reglas del comercio global. El crecimiento de sus mercados internos, la diversificación de las cadenas de suministro y el auge de sectores como los semiconductores, los vehículos eléctricos o las energías limpias han reforzado la posición negociadora de economías como India, China, Vietnam o Indonesia frente a las grandes potencias occidentales.
China representa el ejemplo más evidente. Pese a los sucesivos aranceles y restricciones tecnológicas impuestos por Washington desde 2018, el gigante asiático mantiene una sólida capacidad exportadora en industrias de alto valor añadido, desde las baterías hasta los paneles solares y la electrónica avanzada. Pekín insiste en que “no hay ganadores en una guerra comercial” y defiende que las diferencias deben resolverse mediante el diálogo, aunque advierte de que responderá a cualquier medida que considere discriminatoria contra sus empresas.
Como han destacado Financial Times y Bloomberg, el centro de gravedad de la economía mundial continúa desplazándose hacia Asia. La región concentra buena parte del crecimiento del comercio internacional y sigue atrayendo inversiones pese al intento de muchas multinacionales de diversificar su producción tras la pandemia y las tensiones geopolíticas. Lejos de perder protagonismo, Asia ha logrado convertir esa reorganización industrial en una oportunidad para ampliar su influencia económica.
Frente a este escenario, EEUU ha consolidado los aranceles como una herramienta permanente de política económica y exterior. La estrategia, iniciada durante el primer mandato de Donald Trump y mantenida con diferentes matices, ha dejado de centrarse exclusivamente en China. The Wall Street Journal ha señalado que la Casa Blanca considera los aranceles un instrumento para proteger industrias estratégicas y reforzar su capacidad de negociación. Sin embargo, el escenario ya no es el mismo que hace una década. Las grandes economías asiáticas llegan hoy a las mesas de negociación con mayores recursos, nuevos mercados de consumo y acuerdos que reducen su dependencia de Estados Unidos.
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