Brasil decide entre Lula da Silva y Flávio Bolsonaro en unas elecciones marcadas por la polarización

ELECCIONES PRESIDENCIALES

El presidente brasileño aspira a un cuarto mandato no consecutivo frente al hijo del expresidente Jair Bolsonaro, en una segunda vuelta marcada por el empate técnico en los sondeos y los enfrentamientos durante la campaña

Lula da Silva y Flávio Bolsonaro ambos en una imagen de archivo.
Lula da Silva y Flávio Bolsonaro ambos en una imagen de archivo. | Europa Press

Brasil celebra este domingo la segunda vuelta de sus elecciones presidenciales, en una ajustada disputa entre el actual presidente, Luiz Inácio Lula da Silva, y el senador conservador Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro. La votación enfrenta dos proyectos políticos opuestos: la continuidad de las políticas de izquierdas de Lula o el regreso del bolsonarismo al poder.

Casi 159 millones de brasileños están llamados a las urnas para elegir al presidente que gobernará el país durante los próximos cuatro años. Tras la primera vuelta del 4 de octubre, en la que Flávio Bolsonaro obtuvo el 47% de los votos, los últimos sondeos apuntan a un empate técnico entre ambos candidatos, después de que Lula haya recortado distancias durante las últimas semanas de campaña.

La contienda ha estado marcada por la crispación, los reproches y los ataques personales. En el último debate televisado, los candidatos intercambiaron acusaciones de corrupción y cuestionaron la trayectoria política del adversario, en una campaña que ha evidenciado la profunda división de la sociedad brasileña.

El legado de Bolsonaro frente al cuarto mandato de Lula

Flávio Bolsonaro ha construido su campaña alrededor de la continuidad del proyecto político de su padre, Jair Bolsonaro, condenado a 27 años de prisión por su participación en un intento de golpe de Estado. El expresidente cumple actualmente la pena en arresto domiciliario por motivos de salud y se ha convertido en una figura central del discurso electoral de su hijo, que ha prometido liberarlo si llega a la Presidencia.

El candidato del Partido Liberal defiende un programa centrado en la seguridad y el endurecimiento de las penas, con propuestas como reducir la edad de responsabilidad penal a los 14 años, reforzar la vigilancia militar de las fronteras y construir nuevas cárceles siguiendo el modelo del presidente salvadoreño, Nayib Bukele. En materia económica, apuesta por reducir el peso del Estado, eliminar ministerios y privatizar empresas públicas.

Lula, por su parte, busca un cuarto mandato no consecutivo tras haber gobernado Brasil entre 2003 y 2011 y regresar al poder en 2023. Durante la campaña ha reforzado su discurso social, con medidas dirigidas a las rentas más bajas, el empoderamiento de las mujeres y la mejora de las condiciones laborales.

Entre sus últimas iniciativas figuran la reducción de la jornada semanal de 44 a 40 horas sin recorte salarial, la condonación de deudas de pequeños empresarios y la gratuidad de los autobuses durante los fines de semana. También ha prometido aumentar un 15% el subsidio público de Bolsa Família.

Estas medidas han recibido críticas de Bolsonaro, que acusa al presidente de intentar comprar votos. La oposición también ha cuestionado el momento de los anuncios, realizados en las últimas semanas de la campaña electoral.

Una campaña que refleja la división de Brasil

La confrontación entre ambos candidatos ha trasladado a las calles la rivalidad entre lulistas y bolsonaristas. Parte del electorado afronta la votación con el objetivo de impedir la victoria del candidato contrario, más que por una identificación plena con su propio aspirante.

El resultado tendrá también repercusiones en el escenario latinoamericano. Una victoria de Flávio Bolsonaro reforzaría la presencia de gobiernos conservadores próximos al presidente estadounidense Donald Trump, mientras que la continuidad de Lula mantendría a Brasil bajo un Ejecutivo de izquierdas en un contexto regional marcado por el avance de fuerzas de derecha.

Con los sondeos situando a los dos candidatos en un margen muy estrecho, la segunda vuelta decidirá el rumbo político de Brasil durante los próximos cuatro años.

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