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Muere Ramiro Valdés Menéndez, histórico dirigente de la Revolución cubana, a los 94 años

OBITUARIO

Ramiro Valdés Menéndez, histórico dirigente cubano.
Ramiro Valdés Menéndez, histórico dirigente cubano. | La Región

Ramiro Valdés Menéndez, uno de los últimos miembros de la generación histórica que acompañó a Fidel Castro desde los orígenes de la Revolución cubana, murió el domingo 21 de junio a los 94 años. Su fallecimiento marca la desaparición de una figura que, durante más de seis décadas, ocupó posiciones clave en el aparato político, militar y de seguridad del Estado cubano.

Nacido en Artemisa el 28 de abril de 1932, Valdés se incorporó muy joven al movimiento revolucionario. Participó en el asalto al cuartel Moncada en 1953, formó parte de la expedición del yate Granma en 1956 y combatió en la Sierra Maestra, donde llegó a ser segundo jefe de la columna dirigida por Ernesto Che Guevara. Su presencia en los principales hitos fundacionales del castrismo lo convirtió en uno de los símbolos más duraderos de aquella generación.

Tras el triunfo de 1959, asumió responsabilidades decisivas. Fue el primer ministro del Interior desde la creación del organismo en 1961 y dirigió la estructuración del sistema de inteligencia y seguridad del Estado, que marcaría la vida política del país durante décadas. Ocupó el cargo en dos períodos, asociados a una fuerte represión contra la disidencia, y su nombre quedó ligado a la consolidación del aparato de control interno del régimen.

A lo largo de su carrera también desempeñó funciones en áreas estratégicas del Gobierno. Fue vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros, ministro de Informática y Comunicaciones y, en sus últimos años, viceprimer ministro. Desde esas posiciones intervino en sectores como la energía, las telecomunicaciones y la gestión de tecnologías digitales, defendiendo un modelo de acceso restringido a internet y manteniendo una postura alineada con la línea más ortodoxa del castrismo oficialista.

En los últimos , su ausencia de la vida pública alimentó especulaciones sobre su salud, en un contexto de hermetismo institucional. Su fallecimiento fue presentado por las autoridades como la pérdida de un dirigente fiel al liderazgo histórico y a la continuidad del proyecto político iniciado en 1959. Con él desaparece una de las figuras más influyentes y controvertidas de la historia reciente de Cuba, cuyo legado sigue siendo objeto de interpretaciones enfrentadas.

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