El yihadismo bate récords de víctimas en África con drones

ANÁLISIS BÉLICO

La violencia con medios remotos como drones crece con rapidez en el continente africano: dejando casi 6.000 muertes en un año

Un dron derribado en el desierto de Malí por fuerzas argelinas, según el Ejército maliense.
Un dron derribado en el desierto de Malí por fuerzas argelinas, según el Ejército maliense. | M. Webber

África se ha convertido en los últimos años en el principal escenario de la violencia yihadista a nivel mundial, con el Sahel como epicentro y Al Qaeda y Estado Islámico compitiendo por la preeminencia a través de sus filiales regionales. Ambos grupos han ido adaptando su forma de operar a las nuevas realidades del continente, y el uso de drones y el cobro de rescates millonarios por extranjeros secuestrados se han convertido en su nueva seña de identidad.

Según las estimaciones del African Center for Strategic Studies (ACSS), un “think-tank” vinculado al Departamento de Defensa de Estados Unidos, en el último año se han contabilizado más de 23.800 víctimas mortales relacionadas con la actividad yihadista en el continente. La cifra contrasta con las 10.000 víctimas de 2017 -un 150% más- y las 13.500 de 2021, un 77% por encima del dato actual. El Sahel concentró el 42% del total de víctimas mortales, seguido por Somalia y la cuenca del lago Chad, con un 28% cada uno. Entre los tres escenarios sumaron el 92% de las 166.000 muertes vinculadas a la violencia islamista registradas en África en la última década, según los datos del ACSS consultados por Europa Press.

JNIM, la filial con la tecnología más avanzada en el Sahel

El Grupo de Apoyo al Islam y los Musulmanes (JNIM), filial de Al Qaeda en el Sahel que comanda Iyad ag Ghali, es la organización yihadista con mayor desarrollo en el uso de drones en la región, según el informe del comité de sanciones de la ONU. El grupo emplea drones comerciales modificados -en particular el modelo DJI Mavic 3- junto a sistemas capturados a las fuerzas gubernamentales, aunque sus ataques siguen siendo rudimentarios, con munición improvisada como granadas de mortero de 60 milímetros o granadas de mano modificadas, que en la mayoría de los casos se dejan caer sobre el objetivo en lugar de impactarlo directamente.

Su rival, Estado Islámico Sahel (ISS), cuenta con una capacidad más limitada, aunque la puso a prueba en el ataque al aeropuerto internacional de Niamey, en Níger, el pasado febrero, ejecutado por unos 40 combatientes en dos grupos de asalto. La acción, con drones para reconocimiento y coordinación táctica, se saldó con la destrucción de dos aeronaves ligeras, un caza y un helicóptero, en lo que la ONU interpreta como un intento de debilitar la capacidad antiterrorista de la junta militar de Níger.

Estado Islámico en África Occidental (ISWAP) adquirió a mediados de febrero unos 35 drones comerciales, ya usados en el Sahel y el lago Chad. Ninguna de las tres filiales, precisa el informe, ha incorporado drones de fibra óptica ni ataques en enjambre.

El propio informe subraya que en los últimos doce meses se ha disparado un 42% el número de víctimas mortales por violencia remota -mediante aviación o drones-, que ha pasado de 4.221 a 5.980 fallecidos. Aunque en torno al 80% de esas muertes se deben a bombardeos aéreos convencionales, las víctimas vinculadas al uso de drones crecen con rapidez, lo que refleja, según el ACSS, un cambio de tácticas tanto en los ejércitos africanos como en los grupos islamistas. El empleo de drones por parte de estos grupos no es nuevo, pero sí lo es la forma en que los están utilizando. Más allá de las labores de vigilancia, inteligencia y propaganda para las que llevan años sirviéndose de ellos, los yihadistas los incorporan cada vez más a sus acciones armadas, aprovechando la experiencia acumulada en la guerra de Ucrania -donde este armamento ha resultado clave para frenar el avance ruso- y su bajo coste.

Al Qaeda

En su último informe, publicado en agosto, el comité de la ONU encargado de vigilar el cumplimiento de las sanciones contra Al Qaeda y Estado Islámico documenta el uso de drones en varias acciones recientes por parte de las filiales de ambos grupos terroristas. Según ese documento, elaborado con la información aportada por los estados miembros de Naciones Unidas, el Grupo de Apoyo al Islam y los Musulmanes (JNIM), filial de Al Qaeda en el Sahel, es el que dispone de la capacidad más avanzada en materia de drones entre todas las organizaciones yihadistas activas en la región, aunque sus ataques con este tipo de armamento siguen siendo rudimentarios.

Su principal rival, Estado Islámico Sahel (ISS), cuenta con una capacidad más limitada, si bien ha demostrado su potencial en ataques recientes contra infraestructuras estratégicas -es el caso del asalto al aeropuerto internacional de Niamey, en Níger, el pasado febrero-, mientras que Estado Islámico en África Occidental (ISWAP) ha reforzado su arsenal con la reciente adquisición de decenas de drones comerciales. Con todo, los expertos de la ONU descartan por ahora que estas filiales hayan incorporado tácticas más sofisticadas, como los drones de fibra óptica o los ataques en enjambre, habituales en el frente ucraniano.

El cobro de rescates por extranjeros secuestrados, por su parte, no es una práctica nueva entre los grupos terroristas del continente: Al Qaeda en el Magreb Islámico convirtió el secuestro de occidentales -entre ellos, españoles- en una de sus principales fuentes de financiación durante la pasada década. Pero el informe de la ONU constata que esta táctica sigue plenamente vigente y que, en los últimos meses, ha permitido tanto a Al Qaeda como a Estado Islámico generar ingresos significativos y financiar nuevas ofensivas, según detallan los organismos internacionales que hacen seguimiento a la actividad de ambos grupos en el continente africano y otros escenarios de conflicto como Siria, Irak y Afganistán.

Un pago de 42,8 millones financió la ofensiva del pasado mayo en Malí

El cobro de rescates por extranjeros secuestrados no es una práctica nueva entre los grupos terroristas que operan en África. Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI) convirtió el secuestro de occidentales -entre ellos, españoles- en una de sus principales fuentes de financiación, y los países europeos llegaron a pagar unos 125 millones de dólares (107 millones de euros) entre 2008 y 2014 para liberar a rehenes en manos del grupo y sus filiales en el Sahel.

Según el informe del comité de sanciones de la ONU, esta táctica sigue plenamente vigente. El rescate de aproximadamente 50 millones de dólares (42,8 millones de euros) pagado a finales de 2025 por la liberación de un miembro de la familia real de Emiratos Árabes Unidos, secuestrado por JNIM en Bamako, “fue crucial” para financiar la ofensiva que el grupo lanzó en mayo en Malí junto a los rebeldes tuareg del Frente de Liberación de Azawad contra la junta militar, y parte de esos fondos podría haberse canalizado hacia la red general de Al Qaeda.

Casi al mismo tiempo que se publicaba el informe, el 10 de agosto, Estado Islámico Sahel liberó al misionero estadounidense Kevin Readout, casi diez meses después de su secuestro en Níger. Según distintas informaciones, la liberación se produjo previo pago de una cifra millonaria, con la mediación del Ejército Nacional Libio que comanda el mariscal Jalifa Haftar, y en particular de su hijo, Sadam Haftar.

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