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HISTORIAS DE UN SENTIMENTAL
Los que somos aficionados a la música popular y nos atrevemos a tocar algún instrumento con bandas de amigos, en mi caso el tamboril, podemos dar fe de que estos populares instrumentos son una joya. Y quien tenga uno propio o heredado debe cuidarlo como tal. En Redondela pervive un artesano muy cotizado, pero sus piezas son de alto precio. Pero vale la pena. En Ourense hubo fabricantes históricos en varios lugares y sigue habiéndolos, como en A Valenzá. Por cierto, que el tamboril genuino de Galicia no tiene nada que ver con esas filigranas de gaitas escocesas que los verdaderos especialistas consideran una anomalía por mucha fama que alcancen con respaldo institucional. La verdadera banda gallega reside en los grupos populares.
Para que se haga una idea del precio de uno de estos tamboriles, les diré que uno de los mejores, de cerezo, que suenan de modo especial puede costar entre 400 y 600 euros. Pero son obras de arte, fabricados con especial, desde el corte, curvado y montaje, con sus aros laminados, cuerdas del mejor cáñamo, zunchos de piel de vaca y los parches de piel de cabra. El conjunto se completa con bordón de tripa y herrajes de latón. Y luego, los adecuados palillos. El tamboril marca al gaiteiro el ritmo de la pieza de acuerdo con él, pues si lo fuerza obliga al de la gaita a seguirlo más rápido de lo que la pieza quiere.
Tengo la suerte de formar parte de un grupo de espontáneos amigos que aquí, en el sur de Pontevedra, nos juntamos de cuando en vez en la finca de un amigo
Tengo la suerte de formar parte de un grupo de espontáneos amigos que aquí, en el sur de Pontevedra, nos juntamos de cuando en vez en la finca de un amigo, pero también he acompañado a un gran gaiteiro ourensano, José María Fonseca Moretón, compañero de colegio en Ourense, empresario del sector vitivinícola y que fue gaiteiro de la “Charanga del Cuco de Velle”, de quien he hablado en otras ocasiones.
Victor Berzal, especialista musical, explica que el diámetro del tamboril gallego oscila entre los 23 y los 30 cm. Cuanto más cerca de los 23 cm esté, más agudo es el sonido que se genera. Con el paso de los siglos ha ido disminuyendo y, en la actualidad, el diámetro más habitual es de 25 cm. Para que se genere el sonido, es necesario golpear la membrana superior con las llamadas baquetas (paus o palitroques), dos palillos de forma cilíndrica fabricados de madera de granadillo o ébano (tradicionalmente se hacían de boj u olivo). Actualmente, además de las maderas duras de origen tropical, se usan otras maderas más blandas.
Dicen los que de esto saben que los palillos de un buen tamboril gallego deben ser de madera como el arce o el haya, que proporcionen un sonido brillante y una excelente respuesta. Los palillos de estilo 7A son ideales para un toque más ligero y preciso, perfectos para el jazz y el pop. La elección del palito adecuado puede influir significativamente en el sonido y la técnica del músico, por lo que es importante considerar el estilo personal y el tipo de música que se desea tocar.
Explica este estudioso que es en siglo XVIII en que aparece la primera representación del tamboril junto a la gaita en Galicia. Concretamente, tuvo lugar en 1715 en la Catedral de Tui (Pontevedra), ya que en ella se conserva la primera representación de esta imagen. Se dice que se debe a los Gaiteiros de Soutelo de Montes, liderado por Avelino Cachafeiro, el tamboril recobrara su importancia entre los gaiteiros y grupos tradicionales posteriores. Es decir que dejó de ser considerado un instrumento de acompañamiento o secundario y ascendió al mismo rango que la gaita. Una curiosidad sobre este instrumento es que tradicionalmente fue sólo de hombres, pero, desde hace unas décadas, del mismo modo que la gaita, gran cantidad de mujeres se han convertido en tamborileiras. Y son excelentes.
En Galicia, como en otras regiones, la creación de instrumentos para la música popular se nutría con instrumentos elaborados con materiales procedentes de la naturaleza
En Galicia, como en otras regiones, la creación de instrumentos para la música popular se nutría con instrumentos elaborados con materiales procedentes de la naturaleza y en ese sentido, el tamboril es de los más antiguos y simbólicos. Además, este instrumento se fue adaptando a las diversas regiones, lo que influyó en sus formas, características y sonido. Como queda de manifiesto, le tengo gran afición. Incluso he llegado a adquirir uno en una feria en Portugal y, aunque es más tosco menos refinado que los de aquí, tampoco suena mal.
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