TRIBUNA
La Bella Granadina era ourensana
¡UN CAFÉ SOLO!
Hoy no quiero hablar de tristezas, tragedias, enfermedades, duelos ni dolores. No quiero opinar sobre política, elecciones, mentiras y violencia. Ni comentar de guerras, genocidios o asesinatos. Tampoco sobre destrucción, pasado o futuro. Ni sobre relaciones rotas, huellas desgarradas o decepciones. Y durante unos minutos me he quedado en blanco. Entonces, ¿de qué podría hablar? Tardé en encontrar alguna respuesta y sentí cierta angustia.
¿Puede ser que nos estemos ahogando, sin darnos cuenta, en aguas turbulentas que nos sumergen en un fondo oscuro y nos estemos olvidando de que por encima sigue habiendo aire y cielo abierto para respirar mejor? Creo que sí. Por eso es necesario parar, sacar la cabeza e intentar ver el cuadro al completo.
Así que hablemos también de ese mundo que sigue funcionando bien, de los momentos de alegría que consiguen borrarnos el rictus de eterno enfado de la cara y permiten que se asome la sonrisa. Tomemos el tiempo necesario para compartir conversaciones sobre las cosas que nos interesan, sea cine, deporte, lectura, naturaleza o simplemente la cotidianidad que nos mueve cada mañana. Rebusquemos noticias positivas, avances importantes e historias humanas, que de todo hay, que nos devuelvan minutos de sosiego y confianza.
Porque si solo nos guiamos por el ruido y la fatalidad, el miedo se apoderará de nosotros y nos devorará sin compasión. Y aterrados apenas sabremos movernos.
Permitámonos espacios donde no hacer nada, abandonar el móvil, dejar volar la imaginación y soñar con lo posible y lo imposible.
Concedámonos instantes para la intrascendencia, para el contacto, para mirarnos a los ojos, para jugar, para escuchar. Saboreemos pequeños caprichos y pecados inocentes. Brindemos por las charlas relajadas y por nosotros. Hagamos un descanso entre las carreras que nos llevan de un lado para otro con estrés y ansiedad, sin saber dónde queremos ir. Probemos a pararnos sin más o pasear sin prisas, con la mente vacía de pensamientos profundos y sin recorrido programado.
Es urgente que tengamos presente que también habitamos en ese otro mundo y que tenemos derecho a disfrutar de buenos momentos. De lo contrario, corremos el riesgo de quedar atrapados en el túnel oscuro que cada vez es más profundo. Es vital hacerlo sin sentirnos culpables ni creer que por eso dejamos atrás todo lo que está mal, ni sentirlo como una rendición. Porque si solo nos guiamos por el ruido y la fatalidad, el miedo se apoderará de nosotros y nos devorará sin compasión. Y aterrados apenas sabremos movernos.
Así que hoy mejor hablar de que todavía existe el color. Vibrar con las posibilidades infinitas de la luz. Recordar que hay un universo que todavía nos pertenece y tener presente que hasta lo podemos mejorar. Hoy hablemos de que, con todo, aún podemos apropiarnos de momentos de felicidad sin que sea delito.
Cantaba Medina Azahara: “Necesito respirar / Descubrir el aire fresco/ Y decir cada mañana/ Que soy libre como el viento”. Pues eso. A cantar.
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