Millán-Astray, cerca del duelo con Bernabéu

SUEÑOS DE OLIMPIA

Bernabéu en una de sus célebres charlas “santiaguinas” en el vestuario del Real Madrid.
Bernabéu en una de sus célebres charlas “santiaguinas” en el vestuario del Real Madrid.

La semana pasada relatamos el ascenso accidental de Santiago Bernabéu a la presidencia del Real Madrid, en 1943. “No duraré un año”, dijo a su mujer tras su nombramiento. Duró casi 35 (1943-1978) y convirtió al club en un referente deportivo mundial.

Se afirma hoy que su entidad fue “el equipo del régimen”. Todo lo contrario. Bernabeú fue relativamente conservador, católico a su manera, más populista que falangista y más monárquico que franquista. “Mi único credo es el Real Madrid”. Durante su presidencia, protagonizó sonadas disputas contra destacadas figuras del estado.

Quizá la más famosa fue la riña con el general José Millán-Astray. El militar, héroe en Filipinas y el Rif, además de fundador de La Legión y Radio Nacional, era un espectáculo andante. Sin el ojo izquierdo ni la pierna derecha, con el pecho cosido a balazos, una visible cojera y un asistente para auxiliarle en sus frecuentes caídas, era un habitual del palco de Chamartín en los años 50.

Tuvo fama de mujeriego y una hija con su amante Rita, prima de Ortega y Gasset. Todo un escándalo en la época. Un día se excedió en cariño con la esposa de un embajador y Bernabéu, estricto en las formas, prohibió su acceso al palco.

En el siguiente partido, el explosivo militar tomó el asiento como si fuera Nador y desafió a Bernabéu a un duelo con pistola para saldar cuentas. El espéctaculo fue de tal calibre que llegó a oídos de El Pardo.

Franco apreciaba a su general, pero delegó el caso en Muñoz Grandes.

El Ministró del Ejército, reprendió a Millán-Astray por su bochornosa actitud.

También lo hizo con el minitro de Agricultura, Rafael Cavestany, con quién Bernabéu tuvo otro incidente similar. Jamás volvieron a Chamartín.

“Crowfunding” y estraperlo en Chamartín

El presidente Bernabéu picando piedra en el comienzo de las obras del nuevo Chamartín.
El presidente Bernabéu picando piedra en el comienzo de las obras del nuevo Chamartín.

Otro de los pulsos entre Bernabéu y los Ministros de Franco fue la renovación de Chamartín. En plena posguerra, el presidente proyectó aumentar su capacidad, de 25.000 a 80.000 espectadores.

Sin apoyos del gobierno, don Santiago tuvo en 1944 una idea tan innovadora como descabellada. Realizar entre los socios una colecta pública (hoy “crowfunding”). El club emitió títulos de deuda, respondiendo con su patrimonio. Respaldó el Banco Mercatil, del también madridista Rafael Salgado.

La respuesta popular sorprendió al propio Bernabéu, logrando los 30 millones de pesetas necesarios para acometer la obra.

Para sortear la prohición del ministro de Justicia, Raimundo Fernández-Cuesta de adquirir toneladas de cemento y hierro, escasas por el racionamiento, recurrió a material ¡de contrabando! y excedentes de otras obras.

Desafió al ministro y fan del Atlético Aviación, jugándose la cárcel. En 1947 terminó la obra. En 1955 el estadio adoptó su nombre, contra su voluntad.

Con Camilo Alonso y Fernando Castiella, ministros de Gobernación y Exteriores (1957-1969) las tuvo bien gordas. Bernabéu firmó avales y reivindicó a madridistas republicanos (incluyendo al expresidente Rafael Sánchez-Guerra) chocando contra el primero, inflexible anticomunista. Al segundo lo despreció por intentar apropiarse de los éxitos internacionales.

En 1973 fue el último escándalo. Condecoró a Moshé Dayán. España no reconocía a Israel y los países árabes protestaron. El Ministro López-Bravo, lo convocó a su despacho.

Dicen que Franco respetaba a tal peculiar presidente. Fue un verso libre, pero honrado y nunca arribista. Murió con 300 pesetas en su cuenta bancaria.

Muñoz Grandes, el gran protector

Durante la Guerra Civil, Bernabéu sobrevivió dos años refugiado en la embajada francesa. Logró salir de España, se alistó en el bando nacional y entró por el frente norte, como cabo observador de la división 150 de Marruecos. Su labor no requirió un disparo y sus dotes de negociador le salvaron de una ejecución, haciendo creer a unos milicianos que era republicano. En los rigores de la contienda entabló una gran amistad con el general Agustín Muñoz Grandes. Muñoz Grandes llegó a ser número 3 de la todopoderosa Falange y el responsable de la División Azul que Franco envió a la URSS, en compromiso con Hitler. Se dijo que el Führer llegó a pensar en él como sustituto de un caudillo que no quiso participar de lleno en la II Guerra Mundial. Muñoz Grandes fue ministro del Ejército entre 1951 y 1957, donde negoció la alianza con Estados Unidos y vicepresidente, entre 1962 y 1967. Siempre fue el protector de Bernabéu y contrapeso de sus enemigos ante Franco. El presidente madridista se dirigía a él como “mi general”.

Un hombre, un club

Bernabéu pudo ser funcionario de Hacienda en Oviedo, pero aguantó unos meses. Su vida fue el club que suplió a su familia, el incentivo para sobrevivir a la guerra. Allí encontró a su mujer, la viuda de su amigo Valero Rivera, ejecutado por los milicianos. Devolvió todo con creces, reconstruyendo y convirtiendo al Real Madrid en legendario. Pero la transformación de España y del deporte, le superó. Desde 1960 dirigió el club desde su casita de Santa Pola (Alicante). Este documental nos presenta al Bernabéu en intimidad.

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