Eduardo Medrano
TAL DÍA COMO HOY
La Catedral de Santiago
Némesis es en la mitología griega la diosa de la venganza y la justicia. Según la RAE, es el “castigo fatal que restablece un orden anterior”. No es de extrañar pues, que toda venganza tenga un punto de justicia, y toda justicia tenga un punto de venganza, ya que hace pagar una deuda grave mediante un “castigo fatal”. Estos conceptos son los que regían entre los dioses del Olimpo, lugar en el que habitaban, se amaban, se odiaban, se vengaban y castigaban. Y de ahí pasaron a ejercer sus costumbres sobre los semidioses, y como siempre contra los pobres mortales que aprendieron pronto tales mañas.
Venganza, justicia, son los recurrentes de muchas y grandes obras literarias, desde las clásicas como “La Ilíada”, a las de Shakespeare.
Es un hecho que toda persona nace con un arraigado sentido de la justicia. Nos lo enseñan los propios niños por muy pequeños que sean. Niños que sufren y se quejan muchas veces de las injusticias al ser tratados en falsa equiparación con los demás. El niño sabe que es agraviado, aunque no lo parezca y calle. Es un sentimiento natural, una cuestión de conciencia. Así, el nombre de la diosa tiene el significado de alguien que es el artífice de una venganza en cuanto es justicia retributiva. Venganza, justicia, son los recurrentes de muchas y grandes obras literarias, desde las clásicas como “La Ilíada”, a las de Shakespeare. En casi todas sus tragedias existe esa venganza que busca la justa reparación de un mal irremediable, como por ejemplo “Otelo”.
Y entre las más grandes obras escritas por nuestros genios que jalonan nuestro Siglo de Oro, abundan ambas temáticas, como pueda ser en el drama calderoniano “El alcalde de Zalamea”. Más cercanos a nosotros está quizá una de las novelas que mejor ahonda en el alma humana entre sus sombras y luces, el dolor, el éxito, la desesperación y por supuesto el quiz de la cuestión, la venganza. La venganza desde la frialdad cincelada por el sufrimiento y el padecimiento de una injusticia orquestada por la avaricia, la envidia, la mentira, la traición y tantos otros componentes inciertos que buscan la desgracia de una víctima propiciatoria. Pienso que pocas personas desconocen la odisea de Edmond Dantés. Pero quienes no hayan leído la famosísima novela de Alejandro Dumas, pueden conocerla en las diferentes versiones realizadas para la gran pantalla, e incluso para la televisión. Esplendidos actores tuvieron la suerte de haber sido al menos por una vez, “El conde de Montecristo”.
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