Ángel Mario Carreño
La trilogía de Sánchez: ¿fraude?
Marcos cumplió 18 años y lo celebró con sus amigos por todo lo alto. Hubo música, bebidas, comida, baile y tarta. También globos; y muchas risas. Pero cuando el cumpleañero llegó a Urgencias, apenas podía sostenerse en pie. Las piernas no le respondían y sus manos no notaban ni el frío ni el calor. Los médicos pensaron enseguida en una enfermedad neurológica poco frecuente. Pero, después de varias pruebas, alguien le preguntó: “¿No habrás consumido oxido nitroso?”. Marcos bajó la mirada y asintió. Al principio, solo algunos globos los fines de semana con los amigos, y el día de la fiesta. Es solo gas de la risa. Nadie le había explicado que aquella trastada podía cambiarle la vida.
Marcos no existe. Pero ciertamente podría existir. Su historia se construye a partir de los casos reales que ya están llegando a los hospitales españoles en una realidad que ha dejado de ser anecdótica. Según la encuesta Estudes 2025, un 1,7% de los jóvenes españoles de entre 14 y 18 años consume óxido nitroso de forma recreativa. Puede parecer una cifra pequeña, pero basta para convertir este fenómeno silencioso en un problema de salud pública.
Se utiliza en la industria alimentaria en los envases de nata montada, para crear espumas y modificar la textura de algunos productos
El llamado gas de la risa tiene todos los ingredientes para extenderse con rapidez: es barato, fácil de conseguir y la percepción del riesgo por su consumo es prácticamente inexistente. Se utiliza en la industria alimentaria en los envases de nata montada, para crear espumas y modificar la textura de algunos productos, lo que contribuye todavía más a transmitir una falsa sensación de inocuidad.
Y en Medicina y Odontología, desde hace más de dos siglos, se emplea como gas anestésico y sedante de acción rápida, inhalado y mezclado con oxígeno para aliviar el dolor, reducir la ansiedad y provocar una ligera sedación.
Sin embargo, cuando su consumo se vuelve frecuente, la realidad es muy distinta. Los especialistas del Hospital Guttmann de Badalona en los últimos años han atendido a varios jóvenes con graves lesiones neurológicas relacionadas con esta sustancia.
El óxido nitroso interfiere en el metabolismo de la vitamina B12, indispensable para el funcionamiento del sistema nervioso. Las consecuencias pueden ser devastadoras, desde pérdida de mielina, alteraciones de la médula espinal, debilidad muscular, hasta trastornos de la sensibilidad e incluso discapacidades permanentes. Algunos pacientes necesitan meses de rehabilitación intensiva y no recuperan por completo la movilidad ni la autonomía.
Lo más inquietante es que no existe una dosis claramente segura. Dos personas pueden consumir cantidades similares y sufrir consecuencias muy diferentes. Además, los síntomas pueden confundirse con otras enfermedades si el paciente no admite este consumo, retrasando el diagnóstico y el tratamiento.
Prohibir completamente el óxido nitroso no parece una solución sencilla, dado su uso industrial y sanitario. Pero sí hay una herramienta al alcance de todos: la información.
Porque detrás de cada uno de estos globos puede haber mucho más que unos minutos de euforia.
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