El sonido del mar por ordenanza municipal

CLAVE GALICIA

Xabier R. Blanco
Xabier R. Blanco | La Región

"¿A qué suena?”. El colega Luis Llera también es del último turno de playa. La sombra que sigue a la voz y precede al cuerpo indica que es una pregunta de despedida, como la tarde. “¿A qué suena?”, repite con inevitable canturreo radiofónico al llegar a la toalla. Una sirena abre paso a lamentos por Riazor, suena a ambulancia con prisa. “Eso ya y que no sea nada grave, ¿pero a qué suena distinto en la playa respecto al verano pasado?”.

Suena a pregunta trampa. Le habrá tocado cubrir el encuentro de la alcaldesa con hosteleros y hoteleros para hacer balance del “histórico” verano coruñés. “Somos la única ciudad gallega que creció en viajeros en julio y agosto, la tasa turística no disuadió a nadie”, había dicho Inés Rey horas antes. Los cruceristas del día ya han embarcado, en la playa resisten los incondicionales del barrio y los últimos en coger vacaciones de la oficina. En Riazor ondea la bandera roja por mareas vivas y casi no se ven bañistas. Empieza a sonar a septiembre.

Todas las ciudades de España apuran obras antes de que empiece a llover para que luzcan en la campaña de Navidad y el ciudadano no se acuerde de las molestias en las municipales

“¿De verdad que no te das cuenta a qué suena?”. A pesar de orillar con el tráfico de cuatro carriles en el paseo marítimo, el desnivel de la playa permite practicar lectura sin motor. La ambulancia ya ha pasado. A Coruña también está de aceras levantadas. Todas las ciudades de España apuran obras antes de que empiece a llover para que luzcan en la campaña de Navidad y el ciudadano no se acuerde de las molestias en las municipales.

A finales de agosto la calle amaneció con obreros picando asfalto para levantar una rotonda. “Y va a estar lista antes de que empiece el colegio”, comentó un jubilado al quite. Le faltó un par de recreos. El vecindario todavía no sabe qué decir sobre su necesidad. El curso escolar comenzó el miércoles en Galicia con 4.617 alumnos menos, al terminar la primera jornada el cemento alisado a conciencia quedaba madurando en la rotonda. La puesta de sol se presenta despejada del rebumbio habitual de cativos, toca forrar libros, pero tampoco es la respuesta que espera. “Con la ordenanza municipal que prohibió altavoces y música en la playa es el primer verano en el que sólo se escucha el sonido del mar, se acabó el machaque con reggaeton y otras histerias”. La multa puede llegar a 750 euros. Llera se va, suena la banda sonora del mar.

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