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El país se levanta estremecido asistiendo a una nueva tragedia ferroviaria a tan solo nueve meses de la anterior que tiñó de sangre y sombras la localidad de Altramuz en la provincia de Córdoba. En este caso, ha sido la embestida de un convoy de alta velocidad a otro que estaba detenido en la vía, una catástrofe en la que se contabilizan en torno a cuarenta muertos como primer balance, aunque la 1ª cadena de la televisión pública se empecinó durante mucho tiempo en informar que las víctimas eran diez hasta que la dura realidad obligó a reconocer una cifra mucho mayor de fallecidos cuyos datos tremendos aún no habían sido cerrados por desgracia cuando estas líneas se escribieron.
Este nuevo horror sucedido en el trayecto Madrid-Sevilla a su paso por Urda en la provincia de Toledo, no solo es un desastre en sí mismo por lo que afecta a unas víctimas inocentes de toda condición que hacían uso confiado de un transporte público de larga distancia sinónimo de progreso, puntualidad y excelente fama en el pasado, sino y en lo que corresponde a la vida cotidiana en territorio nacional, una nueva razón para plantearse serías dudas a la hora de utilizarlo, dudas que se acrecientan y radicalizan a medida que el ciudadano de a pie, honesto y formal, que cumple con sus obligaciones tributarias y que paga religiosamente todo aquello que consume, que no se queda ni un euro que no le corresponde y que dignifica el uso de la infraestructura pública con su fidelidad, comienza a comprender que aquello en lo que confía le está defraudando y se aprestar a considerar si es razonablemente seguro utilizar su servicio. El punto clave de la cuestión ahora, es conocer de verdad sin imposturas ni subterfugios, qué causas se están conjurando para precipitar una cadena de catástrofes ferroviarias en las que se suceden estas situaciones extremas y otras de menor cuantía, con exacta y exigua periodicidad. La de ayer, y en las primeras estimaciones técnicas, se advierte una situación indescifrable pues los sistemas de seguridad existentes no pueden permitir un choque frontal de dos ferrocarriles. La explicación de los expertos es suponer que existió un fallo mecánico aunque RTVE supusiera de principio que es humano. Es imprescindible explicarlo con todo detalle y la verdad por delante.
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