Lo que une y lo que separa

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Publicado: 15 feb 2026 - 01:40
Opinión de Fernando Lusson.
Opinión de Fernando Lusson. | La Región

Si algo no debiera producirse de ninguna manera en Extremadura es una repetición electoral después de que en los comicios celebrados el 21 de diciembre del pasado año el Partido Popular lograra el 43 por ciento de los votos. Cierto que Vox consiguió sumar 11 escaños y duplicar su representación tras la debacle de los socialistas, lo que convirtió a esta formación en la ganadora moral de las

elecciones. Pero esa sensación no es suficiente para transformarla en una victoria con la que ocultar la realidad de que los extremeños han decidido que sea María Guardiola quien encabece el gobierno autonómico.

Al contrario que en el ámbito de la izquierda donde las coaliciones entre dos o más partidos han sido frecuentes en el ámbito municipal y más recientemente en el nacional, con los problemas de engranaje que todavía se arrastran, en la derecha los gobiernos de coalición han sido menos frecuentes, bien porque el PP ha conseguido mayorías absolutas, bien porque sus apoyos parlamentarios han decidido mantenerse extramuros del gobierno. La irrupción de Vox, junto con otros partidos que motivaron que se pasara del bipartidismo al bibloquismo, condicionó la formación de gobiernos autonómicos de los que después se retiró por sus conveniencias estratégicas y porque fuera de la gestión diaria se aprecian menos las carencias manifiestas que demostraron algunos de sus cargos públicos.

Se trata de que el acuerdo llegue ante de las votaciones de investidura del 3 y 5 de marzo y en cualquier caso no llegar a la fecha tope del 3 de mayo en la que habría que convocar nuevas elecciones, un escenario que sería un fracaso político de primera magnitud

Ya advirtió recientemente el presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo, que el partido llamado a completar una mayoría absoluta no puede pretender ocupar más espacio del que le corresponde en consonancia con el respaldo que ha obtenido en las urnas. Y más allá de las dificultades de entendimiento que se han producido entre María Guardiola y el partido de Santiago Abascal y su candidato Óscar Fernández, las exigencias de Vox para votar la investidura de la primera han sido desmedidas con la petición de una vicepresidencia, y las consejerías de Agricultura, Interior, Industria y Economía, que les servirían para desarrollar íntegramente su programa electoral, a lo que se han negado los negociadores populares, que en palabras de Guardiola no quieren ”travestirse de Vox”.

Pero la firmeza de Guardiola tiene los pies de barro, como ya demostró tras las elecciones autonómicas de 2023 cuando descartó por completo pactar con Vox para luego darle cabida en su gobierno, y en las circunstancias actuales va por el mismo camino, porque después de la firmeza ha llegado la condescendencia y el reconocimiento de que entre el PP y Vox “son más las cosas que nos unen que las que nos separan”. Se trata de que el acuerdo llegue ante de las votaciones de investidura del 3 y 5 de marzo y en cualquier caso no llegar a la fecha tope del 3 de mayo en la que habría que convocar nuevas elecciones, un escenario que sería un fracaso político de primera magnitud ante la contundencia de los resultados electorales y la respuesta que podrían dar los extremeños a esa falta de acuerdo, una ecuación de la que se demarca el PSOE y la incoherente llamada a su abstención realizada por Guardiola, que no ha hecho sino enturbiar más las relaciones con Vox.

La primera obligación del PP es valorar a quien beneficiaría más una repetición electoral y que representa de cara al futuro ceder a las peticiones exacerbadas de Vox en las cuatro negociaciones autonómicas que están en marcha y que se avecinan.

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