Adiós a Jamones Tamara tras 42 años de trabajo

DESDE 1983

Tras 42 años de servicio popular, Jamones Tamara ha bajado la persiana para siempre. Deja un legado de cordialidad y confianza, y a la vez un vacío comercial difícil de reemplazar.

María Reboredo se despide agradecida de su fiel clientela.
María Reboredo se despide agradecida de su fiel clientela.

En la zona del rianxo, en las inmediaciones de la Plaza de Abastos, cierra un negocio emblemático que ha pervivido en el sitio durante 42 años. Su propietaria, María Reboredo, baja la persiana por jubilación. Han sido cuatro décadas de cara al público, distinguiéndose su servicio por la amabilidad, la transparencia y la variedad de ofertas que iban desde verduras y frutas hasta quesos y jamones traídos de Pontevedra y Lugo.

El silencio de este puesto, que hasta el momento no ha encontrado traspaso, aumenta la soledad progresiva que desde lo humano y lo comercial ha ido invadiendo esa especie de tierra de nadie en que se ha convertido el Rianxo, un lugar a medio camino entre el abandono y el entusiasmo supervivencial.

María Reboredo hace un poco breve recuento: “Con este negocio llevo aquí en Ourense, en el mismo sitio, desde el año 1983. ¡Estamos hablando de 42 años! De aquellas estaba con mi ex. Luego tuve una niña, me quedé aquí con ella aquí, y ahora tiene 38 años. Se llama Tamara, por ella es el nombre de este puesto. Luego, este negocito me vino muy bien porque con él saqué a mi hija adelante. De aquellas se manejaba, se vendía mucho. No era como hoy, que hoy hay muchísima menos gente. Pero de aquellas se trabajaba muy bien, muy bien. Y gracias a Dios he salido adelante con mis esfuerzos, mi trabajo. Siempre muy pendiente de los clientes. Siempre yo muy atenta, lo máximo que podía. En ese papel de despedida que he puesto ahí afuera, les dejo dicho que estoy muy agradecida de todo lo que han hecho por mí”.

Durante ocho lustros, María fue creando un vínculo con sus clientes cimentado en la honestidad y el buen trato, que rebasó lo comercial para entrar en lo afectivo: “Cuando les dije que me iba a jubilar se pusieron todos muy tristes, muy tristes. ‘Pero María, ¿dónde vamos a coger tus cositas y tal?’ Y dije yo, pues es muy fácil, hay que ir al pueblo, hay que buscar gente que tenga las cositas de casa porque lo que yo traigo es todo casero. Ese es el encanto. Y nunca, nunca en la vida he engañado a nadie. Se lo digo a mucha gente. Que no engañen, que ganan muchísimo más. Dar el peso, no trampear a la gente. Si no tienes una cosa que quieran los clientes le dices que no, que vengan otro día. Eso siempre lo mejor. Y es como funciona. Por lo menos yo pienso así. No robar en el peso, no meter mercancía que no sirve”.

A la pregunta de cuál sería su consejo para los nuevos emprendedores, María Reboredo respondió: “Que empiecen con mucho ánimo, con muchas ganas de trabajar. Que tengan siempre la fe de que van a salir adelante. Que si un día no se puede, otro día será mejor”.

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