El audaz alcalde ourensano que izó la bandera de Andalucía

MANDATOS DE TRANSICIÓN

El desafío de César Rodríguez a los mandatos del gobierno de Transición es un hecho poco conocido, tanto en su natal Ourense como en Campillos (Málaga), donde fue alcalde.

César Rodríguez Docampo en Campillos, Málaga, en 1976 y las banderas andaluzas a ambos lados de la española.
César Rodríguez Docampo en Campillos, Málaga, en 1976 y las banderas andaluzas a ambos lados de la española. | La Región

El 15 de agosto de 2026 se cumplirán 50 años de un acto temerario: César Rodríguez Docampo, el alcalde ourensano de Campillos (Málaga), se atrevió a izar cien banderas de Andalucía en un momento en que dicha insignia se hallaba oficialmente proscrita por el Gobierno de la Transición.

Aunque la muerte de Franco representaba un giro copernicano para la historia de España, los engranajes del antiguo régimen seguían vivos y en movimiento. Por tanto, el arrojo de Rodríguez Docampo fue considerado por muchos un acto que pudo haber tenido gravísimas consecuencias: se arriesgaba a ser procesado por el Tribunal de Orden Público o arrestado por desobediencia civil. Pero, ¿cómo llegó este hombre a ser alcalde de Campillos? ¿Qué caminos tuvo que transitar?

Viaje al centro de un hombre

César Rodríguez Docampo había nacido en Ourense, en 1934, en medio de una atmósfera llena de conflictos y escisiones sociopolíticas que finalmente desatarían la Guerra Civil. Su educación esmerada explica desde los cimientos las convicciones que lo llevarían a enarbolar aquel centenar de banderas subversivas en 1976.

Formado bajo la observancia de los jesuitas en su ciudad natal, luego en Palencia y Cantabria, hasta graduarse en Filosofía Pura en la Universidad de Comillas, había cultivado en sí mismo el pensamiento crítico y una conducta cuestionadora del orden establecido. Los años 50 fueron para él de gran importancia en la consolidación de su magisterio, una práctica que no solo le dio el sustento, sino también un marco de interacción intelectual y política.

Rodríguez Docampo llegó a Campillos en la década de 1960, contratado para ejercer como profesor de Filosofía y Griego en el Colegio Don José, que entonces gozaba de gran prestigio en el pueblo. Tras once años dedicado a la enseñanza, se postuló al puesto de alcalde.

“Un amigo de mi padre no se podía presentar a las elecciones del 76 porque exigían que el candidato tenía que vivir a no más de 50 kilómetros de Campillos y él vivía en Álora. Entonces instó a mi padre a que se presentara, teniendo en cuenta su gran formación y sus condiciones morales. Se presentó y tuvo que conseguir unas firmas, pues tenía a la Falange en contra. El resultado fue que sacó siete votos y dos el otro candidato, que era el anterior alcalde, don Juan Cantano. Así mi padre fue elegido alcalde de Campillos en enero del 76”, desgrana su hija, Noelia Rodríguez.

A pesar de ser un momento de gran realización personal para Rodríguez Docampo, las circunstancias eran sumamente delicadas y llenas de conflictividad. Las simpatías que había alimentado por el pueblo andaluz le llevaron a poner en alto su derecho a expresar su identidad histórica y política.

Rodríguez junto a Eduardo Sotillos, en Campillos, 1977.
Rodríguez junto a Eduardo Sotillos, en Campillos, 1977.

“Mi padre izó la bandera de Andalucía desafiando el peligro imperante en 1976, movido por la vasta educación humanística atesorada y su elevado concepto de la justicia social. Hay que tener en cuenta que, por intentar colocar una bandera de Andalucía en la Diputación de Málaga, el joven José García Caparrós fue asesinado en 1977. Por tanto, su acción no solo fue extremadamente audaz en sí, sino un éxito derivado de sus habilidades para negociar con el Gobierno”, explica la hija del profesor convertido en alcalde.

Ires y venires

En 1977, Rodríguez Docampo se estableció en Ourense, donde ejerció la docencia en el Instituto Otero Pedrayo y en Maristas, sin renunciar del todo a la política. Ese mismo año se presentó a las elecciones al Senado.

“Se presentó de manera independiente, alentado por su amigo Cándido Conde-Pumpido, que era juez por el Partido Socialista. Como iba contra personas muy bien posicionadas, entre las que se encontraba don Eulogio Gómez Franqueira, su candidatura no prosperó. A partir de entonces decidió continuar con su carrera docente, dejando a otros las incursiones en la política”, explica su hija.

Rodríguez se estableció posteriormente en Jerez de la Frontera, donde pasó cerca de 30 años dedicado a la enseñanza de la Filosofía y al articulismo. En las décadas de 1970 y 1980 fue colaborador de La Región, desarrollando en sus trabajos temas de gran interés político y social.

Literatura y cénit

Una vez jubilado, se dedicó a la literatura. Especial interés merece su última novela, “Christiaan Barnard en la Taberna de los Mares”, una narración biográfica enfocada en la vida y los avatares científicos del médico sudafricano responsable del primer trasplante de corazón de la historia. La obra destaca por su recreación de la Sudáfrica de finales de los años 60 y por una interpretación sagaz del carácter inquieto e innovador de Barnard frente a las limitaciones de su contexto.

César Rodríguez Docampo, el ourensano que retó al poder en nombre de la justicia, murió en Málaga a los 90 años, en 2024. Su hija Noelia busca hoy una oportunidad editorial para la novela que dejó escrita su padre.

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