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RECURSO SOCIAL
Angélica, Antonio, Carmen y Saturnina comparten sus días en un centro de día que sienten como un hogar. En parte, porque eso es la Casa do Maior de Amoeiro: un hogar en el que los vecinos pueden compartir momentos, realizar actividades e incluso crear vínculos gracias al trabajo de personas como Elena Pérez. Fue ella la que decidió convertir un antiguo local en una iniciativa que busca ofrecer un recurso social para las personas mayores de 60 años de los alrededores, que pueden acudir gratuitamente de lunes a viernes.
Desde febrero de este año, Amoeiro se sumó a los más de 40 concellos ourensanos que albergan un espacio en el que incluso los más reticentes se sienten a gusto. Es el caso de Saturnina, por ejemplo, que dejó Madrid por el rechazo que le generaba entrar en una residencia, donde decía no sentirse comprendida y la tristeza consiguió apoderarse de sí. No obstante, en la casa que rige Elena ha conseguido abrirse, sumarse a todas las actividades e incluso encontrar en una de sus compañeras, Carmen, a quien considera ahora su mejor amiga. A esta -a la que cariñosamente se dirigen como Carmiña- le pasó todo lo contrario. Fue ella la que tuvo la iniciativa de incorporarse a la Casa do Maior, en la que ha podido vencer a la soledad que la acompañaba por la semana en su casa, en ausencia de su familia, que se encuentra trabajando en Vigo.
Los cuatro usuarios que ocupan actualmente la que podría llamarse segunda casa de Elena, solo tienen palabras de agradecimiento para ella, al igual que sus familiares, que se sienten ahora más seguros gracias a su trabajo y compañía. Almudena, hija de Saturnina, que acude ocasionalmente a realizar talleres con ellos, reconoce sentirse sorprendida por la que considera una iniciativa “maravillosa”: “Cuando estás en una residencia das hasta lo que das y ya está, no es porque la persona no te quiera atender, pero esto es una maravilla, porque es como si estuvieran en su casa”.
“Yo el día de mañana también voy a ser mayor y qué mejor que tener algo así para poder juntarme con la gente”
Elena decidió dar un importante paso en su vida cuando dejó atrás una estabilidad laboral por un proyecto en el que se ha involucrado de lleno. “En los pueblos, para que la gente no se vaya hacen falta sitios como este”, reconoce quien solo puede acoger a un máximo de 5 personas y que, en cuestión de meses, ya cuenta con más de 9 en lista de espera. Fue el cariño por su abuela y el querer que estuviera acompañada lo que la animó a dar un paso que ha conseguido servir de “espacio seguro” para quienes hacen uso de la casa: “Yo el día de mañana voy a ser mayor y qué mejor que tener algo así para poder juntarme con la gente”. Y eso es lo que hace ahora, evitar que se vayan del pueblo quienes siempre lo habitaron y darles un motivo para sonreír bajo el paraguas de los cuidados.
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