Más de un centenar de viajeros hacen cola en la estación intermodal de Ourense para coger el autobús

"NADIE NA TAQUILLA"

Los usuarios denuncian la falta de personal en las taquillas, problemas de accesibilidad y una infraestructura insuficiente para absorber los picos de demanda del verano en Ourense.

Largas colas en la estación intermodal de Ourense.
Largas colas en la estación intermodal de Ourense. | @andresrguez

La estación intermodal de Ourense registra este sábado largas colas de viajeros que esperaban para adquirir su billete de autobús en una de las jornadas de mayor demanda del verano, como suelen ser los fines de semana, coincidiendo con los desplazamientos hacia las playas gallegas. Según denuncian varios usuarios a través de las redes sociales, la fila llegó a reunir a unas 120 personas, extendiéndose desde las taquillas hasta la dársena 5, desde donde parten algunos de los servicios con destino a la costa. Uno de los viajeros resumía la situación con una frase que, según afirma, se repite con frecuencia: "Nadie na taquilla, como sempre".

Las críticas se centran en la falta de atención durante los momentos de mayor afluencia y en la ausencia de alternativas para adquirir los billetes cuando no hay personal disponible. "Non hai reforzo", señalan mientras denuncian la falta de posibilidad de pagar el viaje directamente en el autobús mediante tarjeta bancaria o código QR, una limitación que, a su juicio, ralentiza el embarque y obliga a concentrar a todos los viajeros en un único punto de venta.

Sin embargo, las quejas van más allá de la venta de billetes y apuntan al funcionamiento global de la estación intermodal. Los viajeros consideran que las instalaciones muestran dificultades para absorber el elevado volumen de pasajeros cuando coinciden las salidas de autobuses con la llegada y embarque de varios trenes. En esos momentos, explican, se generan cuellos de botella tanto en el vestíbulo como en las zonas de acceso a los andenes, lo que obliga incluso a realizar avisos por megafonía para acelerar la subida a los convoyes y evitar retrasos.

Otro de los aspectos que genera malestar es la movilidad dentro de la estación ferroviaria. Los usuarios señalan que el paso entre unas vías y otras continúa dependiendo en gran medida de las escaleras, ya que solo uno de los ascensores permanece operativo, una circunstancia que dificulta el desplazamiento de personas mayores, viajeros con maletas, familias con carritos infantiles o personas con movilidad reducida. En jornadas de máxima afluencia, esta situación provoca esperas adicionales y ralentiza el flujo de pasajeros.

También se señala la falta de espacios de espera adecuados en el exterior. La parada de taxis, explican, carece de suficiente sombra para proteger a los viajeros durante las horas centrales del día, lo que obliga a permanecer largos periodos de tiempo bajo el sol mientras esperan un vehículo.

Las limitaciones, aseguran, afectan tanto a la terminal de autobuses como a la ferroviaria. En el caso del AVE, sostienen que cuando coinciden varias salidas las colas para acceder a los trenes pueden llegar a salir del vestíbulo y extenderse hasta la plaza situada frente al edificio principal. Esta situación, unida al movimiento simultáneo de pasajeros que llegan y salen de la estación, hace que los usuarios consideren que la infraestructura no fue diseñada para gestionar con comodidad grandes concentraciones de viajeros.

"Cada estación, un mundo. Con sorte poñerán un bus de reforzo, pero a historia de sempre", resume otro de los mensajes compartidos en redes sociales, reflejando una sensación de falta de planificación que, según los usuarios, se repite cada verano.

Las reclamaciones apuntan, por tanto, no solo a un refuerzo puntual de personal en las taquillas, sino también a una mejor organización de los embarques, la implantación de más opciones para la compra y el pago de billetes, la mejora de la accesibilidad interior y una adaptación de la estación a los picos de demanda que se producen durante el periodo estival.

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