El poder de una charla y una sonrisa en Ourense: nadie debe estar solo

CONTRA LA SOLEDAD NO DESEADA

Alrededor de medio centenar de personas participaron en el Liceo en “¿Tomamos un café?”, una iniciativa para combatir la soledad no deseada a través del encuentro y la conversación

Asistentes al acto de Mirada Mulleres +60
Asistentes al acto de Mirada Mulleres +60 | La Región

El Liceo de Ourense se llenó de conversaciones tranquilas, sonrisas cómplices y el aroma simbólico de un café compartido. Alrededor de medio centenar de personas participaron en la actividad “¿Tomamos un café?”, una iniciativa impulsada por el colectivo Mirada Mulleres +60 dentro del proyecto Maiores S. XXI, que busca poner rostro y voz a un problema cada vez más visible: la soledad no deseada.

La propuesta tenía algo de gesto sencillo y, al mismo tiempo, de pequeño acto colectivo. Sentarse, hablar y escucharse. Crear, poco a poco, un tejido robusto. “El objetivo es crear una red de personas para que dejen de estar solas”, explica María Antonia Rilo, presidenta de la asociación. Un problema que, se recordaba durente el acto, se ha convertido en una “pandemia silenciosa” en la sociedad actual. En Galicia, aproximadamente una de cada cinco personas reconoce sufrir este tipo de soledad, una realidad que afecta especialmente a personas mayores y que en Ourense adquiere un peso mayor por el envejecimiento de la población.

La jornada comenzó con una intervención musical donde todos los participantes a modo de coro comenzaron a cantar. Entre pastas y café se empezaron a tejer lazos. Donde lo individual empezó a ser colectivo logrando instantes de gran emoción.

Alma Gómez, profesora en la UVigo y coordinadora del programa de Mayores dio una charla a los asistentes. En su intervención explicó cómo espacios de la universidad pueden convertirse en herramientas para combatir el aislamiento. Mantener rutinas, aprender cosas nuevas o compartir tiempo con otras personas son factores que ayudan a reducir la sensación de soledad. “Es muy importante tener contacto significativo con otras personas”, señaló.

La actividad concluyó con un café-coloquio en el que las conversaciones se multiplicaron entre mesas improvisadas. Allí, entre tazas y palabras compartidas, se hizo visible la esencia del proyecto: construir comunidad. Porque a veces basta con algo tan sencillo como sentarse a hablar en una mesa para empezar a romper la soledad. Y ese, precisamente, es el espíritu con el que ha nacido esta iniciativa que tiene intención de hacerse grande hasta que nadie esté solo. El poder de un café puede ser infinito.

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