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Si hace años los ladrones se escondían tras un pasamontañas, ahora se ocultan tras una pantalla. Los ciberdelitos están al alza y uno de los ganchos utilizados por los delincuentes es el del dinero fácil: recibir una cantidad por hacer algo que apenas lleva tiempo.
Un ejemplo de estos engaños es la estafa del “me gusta”. Consiste en que la víctima recibe un mensaje en el que le ofrecen un "empleo" consistente en recibir pagos de pequeñas cantidades -tres o cinco euros- a cambio de cada “like” que de en publicaciones. Al principio, todo parece real, ya que les llegan bizums con pequeñas cantidades.
Sin embargo, la alegría no dura mucho tiempo, ya que a la víctima le empiezan a pedir dinero como depósito para poder seguir cobrando o con otras excusas como retirar las ganancias. En ese momento, ya entró en la tela de araña tejida por el ciberdelincuente. En la ciudad, hay en torno a cinco denuncias al mes por la estafa del “me gusta”, que han llegado a alcanzar cantidades de hasta 70.000 euros.
La información es el combustible que nutre muchas de las ciberestafas, por lo que conseguirla es prioridad para los delincuentes. Si en la estafa del “me gusta” el cebo es el dinero fácil, en otras los ladrones juegan con la desesperación y por ello el gancho del alquiler es muy goloso para ellos.
Utilizan imágenes obtenidas de anuncios reales y reclaman a los interesados imágenes del DNI por ambas caras, el envío de la nómina o datos de la cuenta corriente, lo que va unido al envío de una fianza y dos mensualidades. Estos documentos les sirven para abrir cuentas corrientes que se usan en estafas, incluso en el extranjero. Así lo explicó este jueves José Manuel Araújo, inspector de la Policía Nacional y especialista en delitos tecnológicos, en la jornada Ourensec, organizada por la Asociación de Ciberseguridade de Ourense.
Durante la mañana de este jueves también se trató el tema de la cadena de custodia en las pruebas recopiladas en casos de ciberestafas. “El escenario de los delitos ha cambiado, las evidencias se encuentran en el ciberespacio”, señaló Antonio Vázquez, sargento de la Guardia Civil que lidera el Equipo @ y Edite.
Al respecto, explicó que estas investigaciones son complejas, ya que los estafadores tratan de ocultar el dinero sacándolo al extranjero, donde el rastro es más difícil de seguir. Además, indicó que es importante durante las pesquisas documentar todo el tratamiento de las evidencias desde su traslado, recogiendo cuándo y quién descubrió, recolectó y manejó la evidencia, quién la custodió y quién la almacenó.
“Si la evidencia digital no se recoge bien, se pierde y si se pierde el delito queda impune” añadió Vázquez.
Por su parte, el fiscal de cibercriminalidad, Miguel Ruiz, mencionó en su ponencia el anonimato digital y las dificultades que este genera. “Alguien que insulta a través de un perfil anónimo de las redes complica la investigación porque hay que oficiar a entidades que nos den datos, hacer muchas comprobaciones y da una facilidad a los que quieran ser ‘haters’ o cometer determinados tipos de delitos”, aseguró.
La jornada de Ourensec, cuyo presidente es Efrén Varón, hizo posible que en el campus se pudieran escuchar conferencias de expertos en la materia. Además de representantes de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y de la Fiscalía, los asistentes también escucharon a ponentes como Antonio Fernandes, uno de los hackers más veteranos de España, o a José Cascallana, gran conocedor de este tema. Este último trató la economía del cibercrimen,
También se analizó a fondo el tema de la identidad digital de la mano de Diego Cid, director de proyectos en Imatia Innovation, y el papel de los abogados frente a la ciberdelincuencia, con la letrada Manuela Fernández Cougil.
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