Compañeros de pupitre con 30 años que contarse: reencuentro de la generación del 94 de Maristas
COMIDA EXALUMNOS
Más de medio centenar de exalumnos de Maristas de la promoción del 94 se reencontraron para celebrar juntos su medio siglo de vida, tras lograr ponerse en contacto desde diferentes puntos de toda España tirando de la vieja orla escolar.
Volver a ver a tus amigos del cole después de las vacaciones de verano siempre tenía algo mágico. Sin embargo, reencontrarse con tus compañeros de clase después de 32 años es una experiencia que pone “la piel de gallina”. Esa fue la sensación que tuvieron ayer 60 exalumnos de Maristas que decidieron celebrar juntos que este año cumplen medio siglo de vida.
Como es habitual, al acabar Bachillerato muchos hicieron las maletas para continuar fuera sus estudios, otros se acabaron marchando por trabajo y aunque algunos se quedaron en la provincia, inevitablemente acabaron perdiendo el contacto. Pese a estar en plena era digital, dar con ellos fue un auténtico trabajo de detectives. “Por temas de protección de datos, en el colegio era muy difícil conseguir a todo el mundo, pues a través de la orla y con mensajes nos fuimos avisando unos a otros”, explican Ana e Irene, las organizadoras de la comida.
Al reencuentro acudieron antiguos compañeros que hoy residen en Madrid, el País Vasco, Valencia o Sevilla, sumándose a quienes continúan en ciudades gallegas como A Coruña, Santiago o Vigo. La mezcla de procedencias reflejó también la variedad de sus trayectorias profesionales, juntando en la misma mesa a economistas, periodistas, farmacéuticos, profesionales del sector enológico, de la política o incluso a un miembro de la Unidad Militar de Emergencias (UME).
Precisamente Diego, el efectivo de la UME destinado en Valencia, y Luis, dedicado a la economía, protagonizaron una de las escenas de la jornada. Llevaban sin verse desde 1994, pero se reconocieron al instante nada más llegar porque en clase se sentaban “uno detrás del otro”. El inevitable choque inicial de ver cómo ha pasado el tiempo se disipó rápido. “Llegas, miras a la gente y a los ojos nos podemos identificar, pero los años se notan”, reconoce uno de los asistentes.
Tras el éxito de la convocatoria, esta generación se ha prometido no volver a perder el contacto. Por su parte, los que no pudieron cuadrar agendas para venir esta vez ya han dejado claro que la próxima cita obligada será para celebrar los 55.
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