Un concierto que une generaciones

LUX TOUR ARRANCA EN BARCELONA

El Lux Tour de Rosalía convierte sus conciertos en una experiencia emocional y espiritual que conecta a fans de varias generaciones. La artista lleva su gira a Barcelona, su tierra, tras el lleno total que consiguió en el Movistar Arena en Madrid, los días 30 de marzo, 1, 3 y 4 de abril. Un espectáculo de gran impacto cultural al que acudió una joven ourensana, en compañía de su madre y de su hermana.

La ourensana Sofía Pombar, su hermana y su madre juntas en el concierto de Rosalía, en Madrid.
La ourensana Sofía Pombar, su hermana y su madre juntas en el concierto de Rosalía, en Madrid. | Sofía Pombar

Totalmente de blanco y con detalles de encaje, Sofía Pombar (2005)—una joven de Ourense— no asistió a un concierto cualquiera. Fue a vivir una experiencia casi espiritual en el Lux Tour de Rosalía, donde se apuesta por lo religioso y celestial en cada detalle del espectáculo.

El recinto elegido fue el Movistar Arena, donde la artista actuó cuatro días en una serie de conciertos marcados por una puesta en escena que mezcla lo religioso, lo simbólico y lo emocional. “Lo más identificativo de este tour de Rosalía es la puesta en escena”, explica Sofía, todavía emocionada tras el espectáculo.

Ascenso a lo celestial

La estética no es un elemento secundario en este tour. Forma parte del relato. Sofía lo entendió desde el primer momento. “Fui de blanco, acorde con la estética del concierto y todo lo religioso y celestial que se respira”, cuenta. Como muchos otros fans, decidió formar parte activa del universo visual del espectáculo. El resultado fue una comunión entre artista y público, donde la línea entre escenario y grada se diluye.

La ourensana Sofía Pombar en el concierto de Rosalía vestida de blanco, acorde con la estética religiosa del concierto.
La ourensana Sofía Pombar en el concierto de Rosalía vestida de blanco, acorde con la estética religiosa del concierto. | Sofía Pombar

Lejos de ser una simple sucesión de canciones, el Lux Tour está diseñado como un relato. El orden del repertorio no es casual: comienza con un ascenso hacia lo celestial y termina con la muerte, en una metáfora que también representa el final del propio concierto. El cierre llega con Magnolias, una despedida simbólica. No solo del espectáculo, sino de una etapa. “Es como el final del todo”, resume Sofía.

Historias que unen

La pasión de Sofía con Rosalía no empezó ayer. Se remonta al impacto de "El Mal Querer" y, en especial, al descubrimiento de Malamente. “Empecé a indagar en sus orígenes y con "El Mal Querer" conecté con ella”, recuerda. Desde entonces, la conexión ha ido más allá de la música. “Hace canciones con las que te sientes identificado, es como ir a terapia”.

Asimismo destaca la evolución artística de la cantante: “Rosalía apuesta por los idiomas, en este disco canta en latín, alemán… es algo que no veo en ningún otro artista. Apuesta por lo diferente y gana”.

El concierto no fue solo una experiencia individual. Sofía acudió acompañada de su hermana y su madre, reflejo de un fenómeno que trasciende edades. “Rosalía no está limitada a una sola generación. Emociona mucho que una a tanta gente”.

El milagro de las entradas

Conseguir entrada no fue fácil. De hecho, Sofía lo describe como un auténtico acto de fe. “Tenía que ir a este concierto fuera como fuera”, asegura. En el primer intento, se quedó fuera. En el segundo, desplegó todos los dispositivos posibles en casa. “Tenía el iPad, el ordenador, el móvil… En el iPad había 200.000 personas delante. Cuando pensaba que no lo iba a conseguir, escucho que pita. El milagro de Lux estuvo ahí”. Consiguió entradas para pista —su objetivo— y también para su familia.

La experiencia empezó mucho antes del primer acorde. Aunque la apertura de puertas estaba prevista a las 20,30 horas, Sofía llegó a las cinco de la tarde. El objetivo: conseguir el mejor sitio posible. Porque en el Lux Tour, cada detalle cuenta. Desde la posición en pista hasta el simbolismo de cada canción.

Y para Sofía, como para miles de fans, no fue solo un concierto. Fue un viaje emocional, estético y casi espiritual que confirma que Rosalía ha convertido su música en algo más que entretenimiento: en una experiencia total.

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