Una docena de nacionalidades conviven en el Mestre Vide, en Ourense

DIVERSIDAD EN LA EDUCACIÓN

Entre los 377 alumnos matriculados en el centro educativo Mestre Vide, de As Lagoas hay 31 que proceden de un país extranjero que aprenden junto a otros compañeros, adaptandose poco a poco

Alumnos del CEIP Mestre Vide en una de las aulas del centro.
Alumnos del CEIP Mestre Vide en una de las aulas del centro. | JOSE PAZ

Emiratos Árabes Unidos, Ucrania, Afganistán, Colombia, Venezuela, Argentina, Brasil, Cuba, Francia, Chile y Turquía. Esos son los 11 países de donde proceden los 31 alumnos extranjeros que están matriculados en el CEIP Mestre Vide, en As Lagoas este curso. Su director, Juan Regal, no tiene reparo en admitir que son un salvavidas para que todas las aulas sigan abiertas. “Frente a esa caída de los nacimientos, sobre todo lo que está resolviendo un poco la situación es la llegada de alumnos extranjeros”, apunta.

Esta treintena de estudiantes está repartida entre los nueve cursos que se dan en el centro (desde 4º de Educación Infantil, hasta 6º de Primaria) y conviven con normalidad con el resto de alumnos. “Al final son niños, los acogen enseguida”, afirma la orientadora del centro, Mónica Hernan, respecto a la rápida y natural aceptación entre compañeros.

La integración de estos menores, no obstante, no es un proceso automático. Muchos llegan con trayectorias académicas fragmentadas o en momentos diferentes del curso, obligando a los centros a realizar un pequeño esfuerzo de adaptación organizativa. “De todos los que llegan, los escolarizamos por edad y los anotamos en el curso que les corresponde. Si luego toca repetir, toca repetir”, explica Regal que destaca que en caso de necesitar refuerzo, se hace lo posible para que cuenten con el acompañamiento de entidades sociales.

Pero el trabajo no se limita únicamente al alumno, el enfoque debe ser integral. Las familias, muchas veces desorientadas, requieren un acompañamiento constante. “Vienen a veces un poco perdidos, entonces acoges a toda la familia, hablas con ellos y tratas de guiarlos”, explica la orientadora del centro, que destaca a modo de curiosidad que en algún caso “incluso vinieron traductores para podernos comunicar”.

Con todo, resulta paradójico que los mayores malentendidos no surjan siempre con alumnos procedentes de Europa del Este o de países como Emiratos Árabes, sino con aquellos que, en teoría, comparten la misma lengua. Las aulas reciben actualmente un gran volumen de niños procedentes de Colombia, Venezuela o Cuba. Aunque el idioma es el mismo, los códigos culturales chocan a menudo con la realidad del sistema. “A veces las palabras tienen diferentes significados y estás dando por hecho algo que ellos al final no entienden”, advierte Hernán, que ha visto cómo las diferencias abarcan desde las rutinas de sueño o las comidas, hasta las expectativas sobre el material que deben llevar.

El impacto de la diversidad también se refleja de manera directa en el servicio de comedor, donde tienen un menú especial para un alumno que no come cerdo. “Si viene un menú para celíacos, pues viene un menú sin jamones y sin nada de cerdo”, cuenta el director.

A este choque cultural se suma la realidad socioeconómica, que dibuja un mapa sumamente desigual. Mientras que desplazados de países como Ucrania suelen llegar con ciertos recursos económicos, otras familias migran por pura necesidad, buscando un empleo. Desde el centro siempre tratan de ayudar, ya sea facilitando trámites para el comedor o buscando asociaciones para el apoyo escolar. Una labor extra que el equipo asume con normalidad, consciente de que la llegada de estas familias es, hoy por hoy, la garantía de futuro del colegio.

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