Duelo vecinal en Leiro: a golpes con la silla, un nunchaku y gas pimienta

DECLARACIÓN JUDICIAL

Los dos acusados y los testigos ofrecen versiones dispares de los hechos. La única coincidencia en la declaración de ambas partes es que la relación entre ambos vecinos de Leiro no era demasiado cordial.

Marcial S.M., este martes en la Sección Penal (plaza 2) del Tribunal de Instancia.
Marcial S.M., este martes en la Sección Penal (plaza 2) del Tribunal de Instancia. | M. S.

Pese a los solemnes juramentos invocando a Dios, a santa Elena o la madre de uno de ellos, las versiones para esclarecer la reyerta entre dos vecinos de Leiro, Abilio Manuel T.D.S. y Marcial S.M., resultaron totalmente contradictorias. Esta discrepancia no se limitó a los acusados: las tres testigos -la hermana del primero, una vecina con la que tomaba café y la pareja de Marcial- también ofrecieron relatos opuestos, barriendo cada una para su propia casa durante el juicio celebrado este martes en la Sección Penal del Tribunal de Instancia. La única coincidencia en la declaración de ambas partes es que la relación entre ambos no era demasiado cordial, enturbiada por disputas sobre pasos a fincas y denuncias previas entre ambos “por estupideces” o “por tener trabajadores sin papeles.

Según el fiscal, la disputa, ocurrida a mediados de marzo de 2023 en la localidad de Vieite, escaló rápidamente de las palabras a las manos. El Ministerio Público sostiene que Abilio propinó varios empujones a Marcial hasta tirarlo al suelo, momento en el que la emprendió a golpes con una silla. Lejos de amedrentarse, “Marcial contraatacó rociando la cara de su vecino con un espray de pimienta para después arrastrarlo por el suelo”.

Las consecuencias de esta mutua agresión resultaron muy dispares, un desequilibrio que se refleja directamente en las penas a las que se enfrentan. Marcial se llevó la peor parte: el ataque le provocó un traumatismo facial, policontusiones y fracturas tanto en la escápula como en la muñeca izquierda (fractura de Colles). Por estos motivos, la Fiscalía acusa a Abilio de un delito de lesiones y solicita para él la pena más alta: un año y tres meses de prisión, además del pago de una indemnización de 1.710 euros a su vecino.

Vino hacia mí como si estuviera poseído, me empujó, caí al suelo y me machacó”, aseguró Marcial, quien lo juró “por dios” y su madre

Por su parte, Abilio apenas sufrió un eritema (enrojecimiento) en la cara y el cuello a causa del espray. Dado el menor alcance de sus heridas, la actuación de Marcial se califica como un delito leve de lesiones, por el que la Acusación Pública pide una condena de 40 días de multa a razón de 8 euros diarios y una indemnización de 150 euros para Abilio.

En su testimonio, Marcial aseguró que no solo fue agredido con la silla, sino que Abilio esgrimió un nunchaku de kárate para infundirle terror. “Había ido con mi pareja para ver unas fincas y, al verme, vino hacia mí como si estuviera poseído y me amenazó de muerte para que nos fuésemos; después me empujó, caí al suelo y me machacó”, relató ante la jueza. Admitió haberlo rociado con el espray para defenderse, pero negó cualquier otra agresión física. “Juro por Dios y por mi madre que no lo toqué”, aseveró. Su pareja, durante su turno en la vista oral, secundó esta versión jurando “por Dios y Santa Elena” que Marcial no agredió al otro inculpado.

En el otro extremo, Abilio Manuel responsabilizó íntegramente a Marcial de la agresión: “Regresaba con mi moto, su coche estaba en mi sitio y enseguida me recriminó quién era yo para hablar con un trabajador suyo -yo lo había denunciado por tener empleados ilegales-. Me echó el espray antivioladores, me cogió por el brazo, lo apretó y caímos los dos y la moto”. Aunque la hermana y la vecina responsabilizaron a la otra parte del ataque, sus relatos estuvieron plagados de imprecisiones sobre cómo presenciaron la pelea y de notables contradicciones respecto a la versión del propio encausado.

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