UNA VIDA DE COLECCIÓN (XXXII)
Galería | Contando la historia local en coplas
UNA VIDA DE COLECCIÓN (XXXII)
Comienzan con la presentación de quien hace el maio, después se cuenta lo que se quiere contar y acaba con una despedida de “levántate mayo” y petición de premio si procede. Todo esto contado en cuartetas de versos de seis sílabas con rima en los pares y sueltos los impares recitados o cantados con una cantinela monótona y constante. Son las coplas de los maios que con más o menos interés se vienen componiendo desde hace casi un siglo. Gracias a la afición a estudiar y guardar que tenía el etnógrafo orensano Ben-Cho-Shey (por cierto, ya va siendo hora de dedicarle el Día das Letras) y que los ourensanos debemos agradecer, en la Biblioteca de la Diputación se guarda la mejor colección de coplas de maios ourensanos de 1917 a la actualidad.
La primera, fechada en 1917, en realidad no es una copla sino el programa de la Fiesta de los Maios de ese año. La siguiente es de 1928 y ya aparecen las críticas a las chicas jóvenes, un tema constante durante muchos años. Se las ridiculiza y critica por pintarse, por presumir, por buscar novio, por abandonar las tareas domésticas, todo en un tono machista, reaccionario y a veces zafio. Como no podía ser de otro modo las coplas de los años 36, 39 y 40 y de los primeros años de la democracia, son especialmente politizadas y siempre a favor del poder del momento. Pero también están presentes los problemas de la actualidad: la carestía de la vida, la escasez de alimentos, el estraperlo. El alcalde y su actividad municipal son analizadas y pocas veces alabadas, pero la ciudad comienza a recuperarse de la guerra y surgen las grandes obras, el final del ferrocarril, el barrio de As Lagoas, las llamadas “casas baratas”, la apertura de calles nuevas como la Diagonal y nuevas costumbres como los semáforos, las corridas de toros en las fiestas del Corpus, el destape, las melenas masculinas a lo Beatle, la minifalda. A partir de los años sesenta y durante varios años, la emigración a Europa será objeto de comentario y de duras críticas a los emigrantes que traían consigo “moderneces” de otros países. En ese caso, como en el de las mujeres, las críticas son con frecuencia reaccionarias y cutres. Si a todo esto le sumamos la presencia de publicidad de las tiendas locales, las coplas pasan a ser una interesante fuente de datos y un valioso archivo de la evolución de la ciudad. Una vez más, gracias Ben-Cho-Shey. Las coplas de los maios ourensanos fueron meticulosamente estudiadas por el profesor José Antonio Tarrío en un libro publicado por la Diputación en 1981.
Hasta el siglo XVI coleccionar fue una prerrogativa de los príncipes cuyo interés se centraba en objetos que eran a la vez bellos y valiosos y reforzaban su riqueza y poder
Pese al carácter popular de las coplas, la posibilidad de criticar anónimamente a los personajes locales fue una tentación para la llamada “peña de los sabios” formada por Risco, Faílde, Ferro Couselo, Xocas, Ricardo Outeiriño, Luis Grande, Alvarado y otros, quienes celebraban su tertulia diaria en el Café del Hotel Roma. Localizadas por el investigador Clodio Gonzalez, las de los años 1952-54 tienen por protagonistas a los miembros del grupo dejando al aire sus debilidades y malos genios, incluido el desacuerdo que, al parecer, durante unos días tuvieron Xocas y Risco, las habilidades poéticas de Outeiriño o el mal genio del escultor Faílde, al mismo tiempo que presumen de la calidad de los artistas locales de la época. La autoría de las mismas sigue siendo un misterio, aunque se sospecha de alguno de los miembros de la peña. El lenguaje utilizado por el supuesto “sabio”, mantiene el tono popular de las clásicas coplas pero más refinado.
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