El heredero del “papamovil” de Robert Prevost en Chiclayo

ENTREVISTA A...

El misionero Juan José Miranda sigue ejerciendo su labor en la diócesis de Chiclayo, donde pudo trabajar junto a Robrert Francis Prevost antes de su marcha a Roma.

Juan José Miranda junto a la pediatra Pilar Rojas, antigua alumna suya.
Juan José Miranda junto a la pediatra Pilar Rojas, antigua alumna suya. | La Región

Siete horas separan Roma de Chiclayo, diócesis peruana a más de 700 kilómetros de Lima que encabezó Robert Prevost antes de su marcha a Roma junto al papa Francisco para dirigir el dicasterio de los Obispos. Esa diferencia horaria significó que, cuando se anunció al mundo que sería papa bajo el nombre de León XIV, sus antiguos parroquianos estaban almorzando. Entre ellos, el heredero del coche que usó para moverse por tierras peruanas, el sacerdote burgalés Juan José Miranda, quien aseguraba que “aquí aún estamos celebrando (en referencia a la tarde del 8 de mayo). La ciudad es una fiesta. La gente se ha echado a la calle, no queríamos comer, y cuando ha mandado el saludo a Chiclayo, se nos han saltado las lágrimas”.

El nuevo pontífice tiene mucha responsabilidad en que Miranda siga en tierras peruanas, donde lleva la dirección espiritual de una comunidad de monjas. El sacerdote relata que “coincidimos cuando él era un recién llegado, y yo estaba a punto de irme, a finales de 2014 y principios de 2015. Quería volver a España tras más de 40 años en el Perú, y llegué a hacer el viaje. Él me hizo volver poco después”. Aquellos meses forjaron simpatía entre ambos religiosos, simpatía que derivó en una larga conversación telefónica donde Prevost logró el retorno de Miranda. “Si regresé fue por él”, asegura el burgalés. “Cuando me ofreció volver, me dijo que desempeñaría el papel que quisiera con un simple ‘usted elige’, así que me decidí a llevar una pequeña comunidad de monjas, porque voy notando los años”, sigue contando Juan José Miranda, “hasta me dijo que tendría un carro (un coche) a mi disposición”.

El “papamóvil”

Lo que no sospechaba Miranda es que ese vehículo, un modelo Suzuki, fuera el que usaba el propio Robert Prevost para moverse por la diócesis, que quedó a su disposición, y poco después “me dejó en herencia cuando se fue a Roma. Me dijo ‘quédeselo en herencia’. La verdad es que no me puedo quejar de él, todo lo que puedo decir es favorable”, confiesa el sacerdote.

De esa relación entre ambos, Miranda habla de una persona que “no tenía una personalidad arrolladora, pero era capaz de unir a unos y otros, y sobre todo muy fiel a la palabra dada. Nunca dejó de atender una petición de los feligreses, y siempre escuchaba con atención. Desde que le conocí, me di cuenta de que tenía una gran capacidad, era una persona muy atenta y sabía resolver cualquier situación. En Chiclayo se le recuerda con mucho cariño, como una persona acogedora e interesada”.

La visita pendiente

La labor de Prevost en el Perú sigue siendo recordada por los que fueron sus feligreses, sobre todo su dedicación a las personas. Juan José Miranda recuerda que “se dedicaba mucho a la gente. Aquí, en Chiclayo, hay tres zonas muy marcadas, y en concreto unas parroquias de sierra (montañosas) a las que es complicado llegar. Cuando le tocó marchar para Roma, prometió volver después a hacerles una visita”, rememora el sacerdote de Burgos, quien añade entre risas que “ahora habrá que esperar a que haga una visita oficial al Perú, pero seguro que se acuerda, porque se conoce todas las zonas de su diócesis”.

Mientras tanto, y tras su saludo a los feligreses, “una amiga me llamó hará una media hora (en la tarde del jueves) para decirme que tenemos que empezar a preparar un viaje a Roma”, dijo Miranda.

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