Inconsciente a golpes: una ourensana acusa a su ex de burlar una condena previa

VIOLENCIA DE GÉNERO

El inculpado alega que se trata de una “denuncia inventada” y sugiere autolesiones. Su ex lo acusa de burlar una condena previa

Alberto N.J.C., el pasado viernes en el juicio en la Plaza 1 de la Sección Penal.
Alberto N.J.C., el pasado viernes en el juicio en la Plaza 1 de la Sección Penal. | M.S.

No le importó tener una orden de alejamiento en vigor desde hacía apenas tres semanas, tras ser condenado por lesiones en el ámbito de la violencia de género. Alberto N.J.C. presuntamente convenció a su expareja, según sostiene ella, para entrar en una habitación del hotel Mabú de Ourense y, una vez a solas, desatar una brutal agresión que incluyó bofetadas, puñetazos en el rostro y hasta un mordisco en el antebrazo. La víctima testificó que llegó a perder la consciencia. Por todos estos hechos, el acusado se sentó el pasado viernes en el banquillo de la Sección Penal. El procesado, además, estuvo en prisión provisional por estos hechos desde el 12 de octubre del pasado año hasta el 20 de abril de 2026.

El calvario que relata la denunciante sucedió el 10 de octubre de 2025. Ella, según testificó, residía en una casa de acogida y el inculpado le envió un taxi a la puerta justo cuando se disponía a salir a trabajar. Pese a la reciente condena por maltrato de él y la condición de víctima de ella, solían quedar. Subió al vehículo -explicó ante la jueza- porque le tenía miedo y existía una fuerte codependencia emocional. Además, esperaba recuperar un dinero que él le adeudaba. El taxi la dejó en una cafetería de la carretera de Vigo y, justo enfrente, estaba el hotel. Allí, la mujer relata que él bebió varias cervezas y quiso mantener relaciones sexuales. Ante su negativa, llegaron los golpes.

Múltiples contusiones

La víctima sufrió contusiones en los labios, los brazos y el cuero cabelludo, así como un hematoma en el ojo izquierdo y una herida en la boca. Estas lesiones precisaron asistencia médica y tardaron ocho días en curar. No obstante, la defensa cuestiona la gravedad de las contusiones de ese día -descritas como ”múltiples” por la forense- y sugirió que la mujer pudo llegar a autolesionarse. La tesis de la abogada es que existe un ánimo espurio en la denunciante para regularizar su situación en el país. Frente a esto, la acusación particular destacó que ese trámite ya estaba solventado cuando sucedieron los hechos, precisamente porque su previa condición de víctima de violencia de género ya le había facilitado la estancia legal. La defensa, sin embargo, expuso que tiene claro que se trata de “una denuncia inventada”.

El propio Alberto desmintió durante la vista que fueran pareja, restando importancia a la condena previa por maltrato: “Solo éramos amigos”. Según su relato, ese día estaba tomando algo en la cafetería cuando ella se presentó en el lugar. Siguiendo esa versión, quiso esquivarla pero ella lo siguió al hotel, donde el acusado -tal como afirma- se limitó a recoger sus cosas para irse a la estación de tren, ya que pensaba viajar a León. Un cliente del bar respaldó en parte esta postura, asegurando que la mujer se presentó en el lugar y lo abroncó por celos: “Le echó en cara si era maricón por hablar conmigo”, declaró el testigo.

La defensa aportó el testimonio del dueño del bar donde trabajó el inculpado. El hostelero confesó que tuvo que despedir a Alberto porque la denunciante se presentaba recurrentemente en el local y se encaraba con otras clientas por celos. “Ella era celosa, consumía alcohol, cocaína, y se comportaba como una enajenada”, aseguró.

Por su parte, el fiscal contó a su favor con la declaración del policía local asignado para la protección de la perjudicada. El agente, que acudió al lugar tras recibir el aviso desde la casa de acogida y la víctima, describió la dantesca escena que se encontró en la habitación: “Estaba toda revuelta, con botellas de cerveza rotas y las sábanas con sangre y excrementos”.

La directora de la casa de acogida acreditó que, durante los días que la denunciante estuvo allí (entre el 22 de septiembre y el 15 de octubre de 2025), le observaron golpes pero ella negaba las agresiones. Aunque detectó consumo de drogas en la víctima -”sin ser exagerado”, matizó-, tenía claro que se trataba de una mujer vulnerable: “Tenía miedo, no contaba con apoyos y padecía una grave dependencia emocional”.

Contenido patrocinado

stats