Jaco Betanzos, batería de Siloé: "Si nos hubiera cuadrado esto con veinte años, seríamos más descerebrados"
ENTREVISTA
Siloé ha dejado de ser una promesa para convertirse en una realidad incontestable. Antes de su concierto de hoy en el Ouren Sound Fest Jaco Betanzos nos atiende para hablar del ascenso del grupo, de los años de salas pequeñas y furgonetas y de cómo se vive desde dentro un fenómeno que, asegura, todavía les cuesta creer
Siloé ha dejado de ser una promesa para convertirse en una realidad incontestable. Antes de su concierto de este sábado en el Ouren Sound Fest Jaco Betanzos (Caldas de Reis, 1992) nos atiende para hablar del ascenso del grupo, de los años de salas pequeñas y furgonetas y de cómo se vive desde dentro un fenómeno que, asegura, todavía les cuesta creer.
Pregunta. Cómo afrontan el concierto?
Respuesta. Con muchísima ilusión. Galicia es un lugar que nos quiere muchísimo y al que le tenemos muchísimo cariño. Siempre que vamos, sentimos el amor de la gente y eso para nosotros es vital.
P. Además, para usted entiendo que venir por aquí es especial. ¿Cómo acaba un gallego en una banda de Valladolid?
R. Coincidencias de la vida. Llevaba ya muchos años en Madrid y por amigos en común acabamos juntándonos. Empezamos a conocernos, a hacer música y aquí estamos.
P. No estuvo desde el principio, pero sí vivió todo el gran ascenso de Siloé.
R. Sí. Llevo cuatro años en el proyecto y hay gente que dice que he sido como una especie de talismán. Cuando entré no estábamos ni de lejos en la situación actual. A raíz de formarse el trío, grabar “Santa Trinidad” y empezar toda esta etapa, el camino ha sido muy bonito.
P. Ahora mismo están en una posición que muchísimas bandas querrían alcanzar.
R. Totalmente. Esto es un trabajo de fondo y un esfuerzo muy grande. Pero también nos sentimos muy afortunados. Conocemos bandas increíbles que hacen el mismo sacrificio vital, social y familiar que nosotros y no llegan. Conectar así con el público y tener unos fans tan fieles es dificilísimo.
P. Desde fuera, esa legión de admiradores es muy llamativa.
R. Es una locura. Hay gente que nos sigue de ciudad en ciudad y que a lo mejor nos ha visto ocho o diez veces en unos meses. Nos hacen regalos, cuadros, esculturas… impresionan muchísimo esas cosas. No sé qué hemos hecho, pero es increíble.
P. ¿Y es difícil que el ego no avance dentro de esa rueda?
R. La verdad es que estamos tan metidos en el día a día que no tenemos mucho tiempo para flotar en la nube. En los conciertos sí, pero luego es que nos pasamos el día trabajando. Además, esto no nos ha pillado con veinte años. Con esa edad habríamos sido mucho más descerebrados.
P. También influirá haber vivido toda la etapa previa de salas pequeñas y giras precarias.
R. Claro. Nosotros hemos hecho giras en salas de cien personas donde la batería casi no entraba y viajábamos en una furgoneta con las cosas encima de las piernas. Eso no pasó hace tanto.
P. ¿Hubo algún punto de inflexión?
R. Sí, una sala en Zaragoza. Habíamos sacado hacía nada el single de “Si me necesitas, llámame” y de repente las 200 personas que había allí se cantaron el tema entero como si llevase diez años fuera. Entramos al camerino completamente sobrepasados. Ahí empezamos a notar que algo estaba cambiando.
P. Ahora ya estáis en otra dimensión, con montajes enormes y grandes festivales.
R. Sí, y lo vivimos sobre todo desde la gratitud. Sueñas durante mucho tiempo con este tipo de situaciones y comodidades. Pasas de montar y desmontar tú mismo y conducir la furgoneta a tener un equipo enorme alrededor que te cuida muchísimo.
P. Hablaba antes de sacrificio. ¿Hubo momentos realmente duros en la banda?
R. Sí. Ha habido momentos complicados con discográficas, abogados, decisiones difíciles… y la pandemia debilitó muchísimo el proyecto. Hay bandas buenísimas que por ciertas circunstancias no consiguen sobrevivir y nosotros hemos visto eso muy cerca. Por suerte, seguimos aquí.
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