Javier Rodríguez, de Cuba, tocando las teclas correctas para establecerse

LA NUEVA OURENSANÍA

Javier Rodríguez Orozco es un exitoso pianista que en Cuba alternaba sus clases en la Escuela de Arte con pequeñas actuaciones para completar su sueldo. Aquí ha podido hacerse con su nicho también en la música, y poco a poco, va consiguiendo trabajos y reconocimiento.

Miriam Blanco | Marta Vázquez
Publicado: 14 mar 2025 - 06:50
LA NUEVA OURENSANÍA | Javier Rodríguez Orozco | La Región

Procedente de La Habana, llegó Javier Rodríguez Orozco con su familia, un 25 de diciembre de 2023, a Ourense. “Encontramos una oferta aérea”, explica sobre el día señalado. “Soy bisnieto de gallegos de la zona de Chantada”, revela. Alguna parienta con la que mantuvieron contacto tuvieron, pero con el tiempo esas juventudes de los pueblos fueron partiendo.  

Javier Rodríguez
Javier Rodríguez | La Región

Compró un teclado apenas de llegar y empezó a buscarse la vida para establecerse. Mientras ‘Sueño de amor’ de Frank Liszt suena bajo sus dedos, lo observamos tocar, pulso firme, semblante serio. “Soy sentimental pero no lo aparento”, reconoce minutos antes, no le quitamos razón, pues blandito y mimosón, no parece.

“Me gradué en 2009 en Cuba, después me marché a Angola un tiempo”, revela. Cuenta que allí fue a implementar el programa de estudios musicales de su país al conocido como Kuwait de África. “Al final fusionamos lo que ellos tenían con lo que aportábamos nosotros, son dos sistemas educativos muy diferentes”, confiesa. Aprendió Javier a transmitir conocimientos a personas desde cero, y enseñar el piano “de una manera digerible”, algo muy útil a día de hoy, confiesa, con los jóvenes alumnos a los que forma en Ourense.

"La mano es un aporte físico a la capacidad del músico, que está en la cabeza", explica de las suyas, que le pedimos que nos muestre

Tras dos años y medio volvió a La Habana donde se casó, siguió preparando repertorios, estudiando, trabajando en la Escuela de Arte y en otros lugares amenizando momentos. “En un restaurante, por las noches”, puntualiza, un empleo muy común en entornos turísticos caribeños.

Aquí alterna las clases de piano en una escuela privada con el trabajo en las orquestas. “Una experiencia muy buena, poco a poco me van llegando cosas”, comenta. “Hice un recital donde interpreté música de cine”, informa sobre un evento íntimo que tuvo lugar en una librería de Ourense. “También en el liceo toqué con una poetisa”, añade. 

Sus días son apacibles, se levanta y se hace el café, lleva a su niña al cole, estudia el carnet de conducir “que necesito mucho para ir a Vigo a ensayar”, apunta, y por la tarde trabaja y se prepara los temas de cumbia que hacen las alegrías de las verbenas.

Javier Rodríguez
Javier Rodríguez | La Región

Vive en el centro, pero antes estuvo en O Vinteún, de ahí saltaron a O Barco y de vuelta a esta urbe. “Tuvimos mucho apoyo de Cáritas y la Cruz Roja”, explica. El motivo de tanto baile fue porque su esposa, licenciada en medicina, consiguió un trabajo administrativo con una mutua, en la comarca de Valdeorras. “Tenemos una niña pequeña y yo tenía un contrato aquí con la academia”, explica. Anduvo Valeria entre los dos ayuntamientos hasta que se reunificaron en Ourense. Sabemos su nombre porque adorna la sala en un marco de fotos, seguido de una breve leyenda. La foto no es de la criatura, todavía tiene la que trae el cuadro de serie. Nos echamos unas risas con Javier, no han tenido tiempo todavía de poner la estampa de la rapaza correcta.

Repertorio de bienes

Otra cosa simpática del entrevistado es su capacidad de entusiasmarse con el coleccionismo, en un espectro muy amplio que va desde los pájaros a los olores y esencias. De niño por lo visto criaba peces y palomas, y aunque fue una compilación fallida, le engatusó la idea de clasificar y hacer acopio de bienes. “Enfoque”, describe su mujer al lado, la virtud de su marido, aunque haya tenido en alguna ocasión que ponerle freno. “Durante la pandemia me obsesioné con los aromas, me gusta mucho la alquimia de los perfumes”, revela él. Se puso a indagar Javier sobre las familias olfativas y empezó a comprar sin parar colonias. “Llegó a ser un vicio, hasta sesenta fragancias organizadas por año…”, ríe sus excentricidades, la esposa al lado, en gesto expresivo, alza las cuencas.

“Se me fue un poco de las manos…” concluye, ¡qué tienes en esas extremidades Javier, que precisamente a ti no te podemos cortar los dedos!.

“La mano es un aporte físico a la capacidad del músico, que está en la cabeza”, informa al hilo de las suyas, que le pedimos nos enseñe. “La musicalidad es un sentimiento, no todo el mundo puede hacerla llegar, aunque dispongas de medios técnicos”, reitera. Tocar el corazón del oyente es otra cosa, según Javier Rodríguez Orozco, hablando no es el más lisonjero, pero ¡ay de su interpretación a las teclas!.

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