José María Eguileta, arqueólogo de Ourense: “En el santuario de As Burgas reside el origen simbólico de la ciudad”
RECIÉN JUBILADO
El arqueólogo municipal José María Eguileta se despide tras casi 30 años dedicados a descubrir y proteger el pasado romano oculto bajo las calles de Ourense.
Tras casi tres décadas custodiando el patrimonio subterráneo de Ourense, José María Eguileta Franco (Pontevedra, 1959) se despidió la pasada semana de su etapa como arqueólogo municipal. En esta conversación, repasa cómo una ciudad que apenas conocía su pasado romano ha logrado cartografiar sus raíces gracias al rigor técnico y a una normativa pionera que permitió convertir el subsuelo en una prioridad urbana.
Pregunta. ¿Qué ciudad arqueológica encontró en 1998 y cuál queda ahora al jubilarse?
Respuesta. Al empezar había algunas excavaciones sueltas en las Burgas o en el entorno del Museo Arqueológico. Yo mismo había trabajado antes en la necrópolis romana y medieval de la Trinidad. Ahora, tras más de 100 intervenciones de urgencia y cruzar todos los datos obtenidos, sabemos que el Ourense romano era un triángulo de 9 hectáreas definido entre la Magdalena, las Burgas y el Posío.
P. ¿Pensaba en el momento en el que se cerró el Museo Arqueológico que se iba a jubilar sin que estuviera reabierto?
R. En absoluto, creí que iba a abrir mucho antes. Guardo una anécdota de cuando se cerró el museo: yo era profesor asociado de prehistoria y llamé para enseñar a los alumnos materiales que había encontrado en mi tesis doctoral. Me dijeron que los estaban ya recogiendo para la inminente obra; era el año 1997 y pensé que aquello iría rapidísimo. Parece mentira, pero el resto de la historia ya se conoce.
P. De entre todos los hallazgos de estos años, el del santuario de As Burgas parece ser el que más le ha impresionado profesionalmente.
R. Sin duda alguna, es el origen simbólico de la ciudad. Allí apareció un edificio santuario con una piscina termal romana y seis aras dedicadas al dios indígena Revve Anabaraeco, que ya recibía culto antes de los romanos. Es la prueba de una ciudad que nace al abrigo de unas aguas que siempre fueron sagradas y sacralizadas para sus habitantes.
P. ¿Se marcha con la sensación de haber salvado mucho más patrimonio del que se ha podido perder en estas décadas?
R. Sí, siempre se salva más porque antes muchas obras se hacían sin obligación y el patrimonio estaba desprotegido. Ahora todo se estudia sistemáticamente y se recogen datos científicos, incluso si los restos no se conservan a la vista. Aun así, hay muchas ruinas romanas protegidas bajo edificios modernos en la calle Colón o la Plaza de Saco y Arce.
P. ¿Qué consejo fundamental le deja al profesional que recoja ahora su testigo como arqueólogo municipal?
R. Que siga cuidando el patrimonio gestionando los suelos desde el planeamiento urbanístico, la verdadera clave de la protección. Hay que evaluar cada proyecto pensando no solo en qué se va a tocar, sino en qué va a aportar esa intervención al conocimiento histórico de la ciudad. Al final, aunque dejes de ser funcionario, uno nunca deja de ser arqueólogo.
P. Después de toda una vida dedicada al patrimonio, ¿encara este retiro como un tiempo de descanso o cree que la pasión por descubrir le impedirá alejarse de la arqueología?
R. No conozco a ningún arqueólogo que no sea vocacional, así que eso siempre va a estar ahí. Seguiré vinculado a la arqueología como académico de la Real Academia Gallega de Bellas Artes y ya estoy cogiendo datos para el próximo artículo que publicaré en La Región. He dejado de ser funcionario de carrera, pero sigo siendo arqueólogo. Me voy con la “espinita” de no haber completado la excavación de las Burgas para lograr la conexión física de la piscina romana con el manantial térmico original.
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