Laura Blanco, neuróloga: “Estamos lejos de la cura, pero cerca de cambiar el curso del alzhéimer”

GRANDES AVANCES

La neuróloga Laura Blanco advierte de que el alzhéimer se ha convertido en uno de los grandes retos de salud pública pese a los avances logrados en la investigación.

Laura Blanco García, especialista en Neurología de Recoletas Salud Ourense.
Laura Blanco García, especialista en Neurología de Recoletas Salud Ourense. | La Región

La investigación progresa muy rápido, “en los últimos cinco años ha habido más avances que en los diez anteriores”, pero la incidencia del alzhéimer viaja a la velocidad de la luz. La neuróloga Laura Blanco, especialista en Neurología de Recoletas Salud Ourense, considera que es uno de los “mayores problemas de salud pública” y “urge un plan de atención específico y coordinado”.

Pregunta. A su juicio, ¿por qué hay tantos casos de alzhéimer sin diagnosticar?

Respuesta. La realidad es que un 30-50% de pacientes con demencia no llega a recibir un diagnóstico oficial, probablemente influido por varios motivos: asumir que el deterioro cognitivo es parte del envejecimiento normal; la dificultad para el diagnóstico en fases muy iniciales, y el acceso limitado al especialista y las pruebas específicas que permiten un diagnóstico preciso.

P.  ¿Por qué hay tantas consultas acerca de la sospecha de esta enfermedad?

R. Influyen motivos sociales y demográficos. Ourense tiene una población mayor y con una gran esperanza de vida. Esto aumenta la prevalencia de las enfermedades asociadas a la edad avanzada, como la enfermedad de Alzheimer, incrementando la demanda asistencial. Además, tiene un gran impacto social: consultan los pacientes, pero también sus familiares y convivientes, que han vivido la enfermedad muy de cerca y empiezan a tener síntomas que les confunden y asustan.

P.  ¿Es fácil confundirlo?

R. Sí, especialmente al inicio de la enfermedad o en variantes atípicas de alzhéimer, que, aunque son infrecuentes, existen. Por ejemplo, el diagnóstico diferencial entre enfermedad de Alzheimer y depresión es muy complejo. Una depresión puede enmascarar fácilmente el diagnóstico de alzhéimer, y viceversa.

P.  ¿Qué importancia tiene la prevención y, por extensión, la investigación?

R. Son muy importantes. Hoy en día no existen tratamientos curativos ni preventivos definitivos que eviten sus consecuencias devastadoras. La investigación es el único camino para dar una respuesta a una patología que afecta a millones de personas.

P.  Una vez diagnosticado, ¿cómo podemos afrontarlo?

R. No se trata solo de dar el diagnóstico: entender la enfermedad y su evolución en cada etapa puede ayudar mucho. Entender la razón de los síntomas nos permite conectar mejor con las personas que los sufren. Preguntar continuamente “¿no te acuerdas?” o “¿no sabes quién soy?” solo genera frustración. El recuerdo de las emociones pervive mucho más que el recuerdo de los hechos, también en personas con alzhéimer.

P. ¿Suele reproducirse un patrón o cada enfermo evoluciona de forma distinta?

R. En consulta utilizamos una escala estandarizada de siete fases para entender mejor las necesidades del paciente, ya que cambian en cada etapa. Pero la realidad es que cada enfermo presenta una evolución y una velocidad de progresión diferente. Muchas veces el alzhéimer coexiste con un daño vascular cerebral, u otras enfermedades psiquiátricas, que alterarán su evolución.

P.  La OMS ha definido el alzhéimer como “la epidemia del siglo XXI”.

R. La OMS nos está alertando de lo que ya sabemos. En 2050 la prevalencia de esta enfermedad se triplicará, a causa del aumento de la esperanza de vida, convirtiéndola en uno de los mayores problemas de salud pública. Urge un plan de atención integrado, específico y coordinado.

P.  A pesar de la dureza que entraña el alzhéimer, ¿podríamos identificarlo con algo positivo?

R. En los últimos cinco años ha habido más avances que los diez anteriores. Mejoraron las pruebas diagnósticas y la formación de los profesionales que atienden la enfermedad; hay nuevos tratamientos que, aún con beneficios limitados, abren la puerta a la llegada de otros mejores; hubo grandes avances en la prevención de factores de riesgo, y mejoraron las terapias no farmacológicas, como la estimulación cognitiva y la terapia ocupacional, que seguirán avanzando con la ayuda de la tecnología. Estamos lejos de una cura, pero muy cerca de cambiar el curso y la incidencia de esta enfermedad.

P.  ¿Qué le aconsejaría a las familias cuidadoras?

R. Cuidar a una persona con Alzheimer produce un gran desgaste físico, emocional y económico en sus cuidadores. Hay que tratar de priorizarse y evitar cuidar en solitario, solicitando ayuda a otros familiares, instituciones o asociaciones para aliviar esta sobrecarga. En los estadios más avanzados de la enfermedad de Alzheimer, el tiempo dedicado al cuidado informal por parte de la familia alcanza una media de 71 horas a la semana.

P.  ¿Cómo podemos prevenirla en fases tempranas, cuando todavía no suelen ser demasiado evidentes sus síntomas?

R. La prevención de la demencia empieza antes que cualquier síntoma. La Sociedad Española de Neurología ha publicado un manuscrito con recomendaciones a seguir para implementar desde la infancia y durante toda la vida, que han demostrado evidencia científica para prevenir el 45% de los casos de demencia: reforzar la escolarización; evitar traumatismos en la cabeza y consumo de tabaco, alcohol y drogas; mantener regularmente actividad física, cognitiva y social; corregir los déficits de visión y de audición; seguir una alimentación saludable y un buen hábito de sueño; y controlar adecuadamente las cifras de colesterol, azúcar y tensión arterial. Esto cuida la salud cerebral y puede marcar la diferencia entre perder la autonomía y no hacerlo.

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