Luis Sas Martínez, superdonante de sangre en Ourense: "Lo haces porque quieres, el beneficio es también para ti"
SALVAR TRES VIDAS
Una acción anónima como donar sangre tiene la capacidad de salvar hasta tres vidas. En Ourense, muchas personas destinan parte de su tiempo a este gesto totalmente voluntario y lo han asumido como una forma de contribuir a la sociedad.
La donación de sangre representa uno de los actos más útiles dentro del sistema sanitario, funcionando como el motor invisible que permite realizar intervenciones quirúrgicas y tratamientos complejos a decenas de pacientes cada día. Una sola donación tiene el potencial de salvar hasta tres vidas, consolidándose no solo como un procedimiento médico, sino como una forma colectiva de conciencia y altruismo.
En Ourense, este compromiso se traduce en cifras de gran relevancia. Durante 2025, según datos ofrecidos por la Axencia de doazón de órganos e sangue, la provincia registró un total de 8.409 donaciones de sangre, lo que supone una tasa de 28 donaciones por cada 1.000 habitantes.
La ciudad demostró en este período un pulso solidario intenso, alcanzando una tasa de 36 donaciones por cada 1.000 habitantes con un total de 3.754 donaciones entre su población. Destaca especialmente la Rúa do Paseo, con el autobús destinado para este fin, como el punto de mayor participación de la ciudad, con 980 extracciones anuales.
Un hábito de vida
La frecuencia de estas donaciones en el entorno ourensano se apoya en gran medida en las unidades móviles, responsables del 86,3% de las colectas, siendo la Praza de Paz Novoa uno de los puntos neurálgicos para los donantes locales. El perfil mayoritario de quienes participan en esta humanitaria actividad es de personas que superan los 50 años.
Dentro de estos “voluntarios de glóbulos”, la figura de Luis Sas Martínez emerge como uno de los principales comprometidos. Dedicado a la hostelería a sus 57 años y con más de tres décadas como donante, Luis ha convertido este acto en un hábito de vida irrenunciable. Es considerado un “superdonante”.
Para él, acudir cada tres meses a donar o realizarse aféresis (un proceso especializado de extracción de componentes de la sangre) lo asume con naturalidad absoluta. Sobre ello, asegura: “Es una especie de rutina, como ir al gimnasio”. Su nivel de responsabilidad es tal que, para no inhabilitarse como donante, si debe consumir algún medicamento prefiere esperar a recuperarse antes que medicarse.
Luis explica que esta labor no le supone impedimentos, a pesar de que el proceso de aféresis requiere más tiempo que una donación convencional. Según detalla, “para esto tienes que emplear lo mínimo, aproximadamente una hora y cuarto”, ya que la conexión con la máquina dura ese tiempo.
A pesar de ello, insiste en que “no me importa permanecer ahí”, porque entiende la necesidad del sistema sanitario. Además, valora el seguimiento frecuente a donantes como él.
Solidaridad vital
Esta entrega personal alcanzó uno de sus momentos más significativos cuando ayudó a una persona de su entorno cercano. Al poseer el grupo A negativo, un tipo de sangre con alta demanda y apenas un 8% de presencia entre los donantes, Luis fue clave para una vecina que debía afrontar una intervención quirúrgica. “Sabía que necesitaba del mismo grupo sanguíneo mío y fui a hacer la donación para ayudarle”, comenta con humildad.
Para Luis Sas, el motor de este esfuerzo es la satisfacción del deber cumplido, como si en sus venas la generosidad pudiera hallarse entre glóbulos rojos y leucocitos. Sobre su veteranía como donante concluye: “Lo haces porque quieres, el beneficio es también para ti, de decir: hice una donación”.
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