Lunes al sol en un Ourense apagado

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La falta de suministro eléctrico desató el caos en las calles de la ciudad: las radios y linternas se agotaron, los coches llenaron las gasolineras, el transporte colapsó, la actividad educativa se paralizó y el hospital tuvo que usar su generador de emergencia.

Cuando cayó la noche la ciudad de Ourense quedó a oscuras, excepto el CHUO que usó su generador de emergencia.
Cuando cayó la noche la ciudad de Ourense quedó a oscuras, excepto el CHUO que usó su generador de emergencia. | La Región

Las radios estuvieron entre los objetos más preciados en el día de ayer. Llegaron a agotarse en muchas tiendas de la ciudad, al igual que las linternas. En Aragonés -conocida tienda del Progreso con 91 años historia- despacharon 25 radios y más de 100 linternas. Así, Diana y Javi, llegados el domingo desde La Rioja, no tuvieron más remedio que llevarse 3 cirios y cajas de cerillas, para poder tener algo de luz en el apartamento turístico en el que se quedan. “Vamos a tener una velada muy romántica, solo nos falta el vino” comentaban, antes de intentar conseguirlo para pasar la noche.

El de ayer parecía un lunes normal. Algunos ourensanos esperaban en los hospitales y centros de salud a que llegase su cita, otros paseaban por los pasillos de los supermercados, incluso hubo quién estaba viajando en tren, mientras los niños volvían del recreo a sus clases. Eran las 12,30 horas de la mañana de un día rutinario. Nada parecía impropio, cuando de repente las luces de la ciudad se apagaron.

Las terrazas de los bares se llenaron.
Las terrazas de los bares se llenaron. | La Región

De primeras, el que más y el que menos pensó que el problema afectaba únicamente a la zona en la que se encontraban, un simple apagón que se resolvería en unos minutos. Con el tiempo descubrieron que afectaba no solo a toda la provincia, también al resto de España y de los paises vecinos. Los minutos pasaban, pero la electricidad no volvía y hubo que buscar soluciones.

Una jornada de caos

Hubo ourensanos que se quedaron atrapados en sus casas y fuera de ellas, porque sus portales tienen sistema de apertura electrónico. Peor lo pasaron los que acabaron retenidos dentro de un ascensor y tuvieron que llamar a los servicios técnicos, que no daban abasto para atender a todo el que llamaba. Fue el caso de Miriam, que se quedó atrapada en el elevador del edificio donde vive su madre. “Subí para coger las llaves del garaje porque el mando no funcionaba y me quedé en el ascensor una hora”, asegura.

La situación despertó el nerviosismo de la sociedad, que a lo largo del día no acabó de tener claro lo que estaba sucediendo. La luz iba y volvía en algunos barrios, otros permanecieron en vilo toda la jornada. Así, las urgencias sanitarias registraron un repunte notable de pacientes que acudieron con ataques de ansiedad, a consecuencia de la situación.

El Complexo Hospitalario Universitario de Ourense (CHUO) arrancó su generador de emergencia y pudo continuar con la actividad sanitaria por la mañana, que no llegó a afectar a quirófanos y unidades de críticos, ya que los equipos de estas áreas cuentan con baterías autónomas. Con todo, por la tarde los sanitarios empezaron a tener problemas con sus dispositivos de comunicación -busca- y se vieron obligados a ir personalmente planta por planta, para comprobar si había incidencias. Mientras tanto, en las farmacias no hubo problema para dispensar los medicamentos con receta. “El sistema funciona perfectamente, en caso de ser una urgencia los médicos les darán una receta en papel”, apuntaba una farmacéutica de la ciudad.

Diana y Javi, de La Rioja, compraron velas y cerillas.
Diana y Javi, de La Rioja, compraron velas y cerillas. | La Región

Sí hubo problemas para pagar. Desde la pandemia, cada vez son más personas las que usan tarjeta y no efectivo, pero ayer los datáfonos no funcionaban. Por suerte para algunos hubo comerciantes que se fiaron de ellos. El comercio local se convirtió en una especie de salvador, ya que algunas cadenas de supermercados llegaron incluso a bajar sus persianas, otras funcionaron con generador. En el Mercado de Ponte Canedo tiraron de gas para cocinar y pudieron dar servicio de comida.

En el Penal 1 les pilló apagón en medio de un juicio y tuvieron que celebrarlo a la vieja usanza: dejando constancia por escrito del acuerdo de conformidad, en vez de grabarlo en vídeo. Eso sí, el letrado de la administración de justicia tuvo que estar presente para dar fe del acuerdo -se trataba de un juicio de lesiones-. El Campus suspendió su actividad lectiva y en los colegios hubo padres que acudieron a buscar a sus hijos antes de tiempo motivados por el miedo.

La cara más agradable de la jornada estuvo en las terrazas y algunos bares, que se llenaron. La mayoría de los trabajadores no pudo cumplir su jornada laboral al no poder desenvolver su trabajo con normalidad. Así, hubo escenas poco habituales, ya que en las mesas nadie estaba usando el móvil. El tema de conversación estrella en todas las calles era el apagón.

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