Manuel Burgueras, pianista: "Nunca he visto tanta autoexigencia como la de Montserrat Caballé”

MÁS DE DOS DÉCADAS JUNTOS

El prestigioso pianista Manuel Burgueras actúa este sábado en Ourenclásica junto a la soprano Catina Bibiloni y durante veintitrés años acompañó a Montserrat Caballé en sus actuaciones por todo el mundo

Manuel Burgueras
Manuel Burgueras

Manuel Burgueras (Buenos Aires, 1961). Es una de las figuras más relevantes del acompañante lírico. Durante veintitrés años fue acompañante de la gran Montserrat Caballé. Este sábado actúa dentro de Ourenclásica junto a la soprano Catina Bibiloni.

Pregunta. Como afronta la esta actuación?

Respuesta. Estoy encantado de ir al festival. Tengo que agradecer mucho al director de Ourenclásica, José María Álvarez Losada, la invitación y la oportunidad de tocar en el Teatro Principal de Ourense. Catina Bibiloni es una de nuestras jóvenes sopranos más prometedoras. Tiene un instrumento maravilloso y un dominio extraordinario.

P. Cuál es su papel dentro de la ópera?

R. Por un lado, la de los conciertos acompañando a buenos solistas dándoles el soporte necesario para que puedan cantar cómodos. Por otro lado está la vertiente docente. Como profesor trabajo con el cantante para prepararlo, en una especie de coaching: la dicción, la respiración correcta, el desarrollo de la musicalidad…

P. Muchas veces el foco está en el cantante, pero el pianista sostiene la interpretación.

R. Sí. Un pianista que no sepa respirar con el cantante puede hundir tranquilamente una actuación.

P. ¿A qué se refiere exactamente con “respirar”?

R. El cantante utiliza su aire para cantar y entre frase y frase tiene que respirar de una manera coherente con la música. El pianista tiene que hacerlo al mismo tiempo que él.

P. ¿Es algo que se aprende o surge de forma natural?

R. En mi caso fue bastante natural. Desde el primer momento en que empecé a acompañar cantantes sentí que lo estaba haciendo bien. La primera persona a la que acompañé me dijo que no podía creer que fuera el primer cantante con el que trabajaba. Es algo innato que luego se desarrolla cuando uno ama el canto. Yo amaba el canto, así que intenté especializarme en ese mundo.

P. Durante más de dos décadas acompañó a Montserrat Caballé. ¿Cómo empezó esa relación?

R. Fue por casualidad. Yo era profesor en el Conservatorio de Mérida y ella tenía que dar un recital, pero no tenía pianista. Funcionó muy bien desde el primer momento. Al año siguiente su pianista habitual enfermó y ella se acordó de mí. Y así empezamos a trabajar juntos.

P. Eso le llevó a escenarios de todo el mundo.

R. Para mí fue un sueño maravilloso. Poder trabajar a ese nivel con una cantante de su talla en los grandes teatros del mundo es algo extraordinario.

P. ¿Algún lugar que le impresionara especialmente?

R. Sí. El Odeón de Herodes Ático en Atenas, justo debajo del Partenón. Recuerdo un concierto allí delante de cinco mil personas, sin amplificación. Desde el piano podía girar la cabeza y ver la luna sobre el Partenón. Fue una noche increíble. También recuerdo actuar en el Museo de Pergamo en Berlín con el piano colocado justo debajo de la Puerta de Ishtar. Son experiencias únicas.

P. ¿Cómo era Montserrat Caballé en las distancias cortas?

R. Era una mujer muy exigente, con todo lo que la rodeaba y consigo misma. Nunca he visto a nadie con ese nivel de autoexigencia. Tenía fama de tener carácter fuerte, pero yo creo que era una forma de defensa. Conocía perfectamente su instrumento y sabía exactamente lo que quería. Y no iba a sacrificar su relación con el público ni su rendimiento por ideas que no coincidieran con la suya.

P. En estos 40 años de carrera, ¿ha cambiado el público de la música clásica?

R. No veo grandes diferencias. Sigue habiendo una mayor presencia de público de más edad que de gente joven, pero ese porcentaje de jóvenes siempre se mantiene.

P. ¿Siempre surge una nueva cantera?

R. La música clásica exige un cierto esfuerzo de escucha. Pero cuando el público descubre que detrás hay una música maravillosa, se queda.

P. En los últimos años, artistas pop incorporan elementos de música clásica. ¿Cómo ve ese fenómeno?

R. Sí, hay muchos ejemplos, como el reciente de Rosalía. Son recursos expresivos que se incorporan, pero para mí la gran fusión fue “Barcelona”, con Freddie Mercury y Montserrat Caballé. Aquello sí fue un acontecimiento histórico. Después ha habido muchos experimentos, pero creo que ninguno ha alcanzado ese nivel.

P. ¿Ha cambiado su relación con el piano con el paso de los años?

R. Con los años te das cuenta de todo lo que te queda por aprender. El pianista acompañante está muy lejos del ego. Siempre está al servicio del cantante.

P. ¿Y se siente cómodo en ese papel?

R. Comodísimo. Yo disfruto del canto desde mi posición. Nunca he pensado en categorías ni en jerarquías. Me siento feliz haciendo lo que hago.

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