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PRÓFUGO DETENIDO
Oculto a pleno sol, como Tom Ripley caminaba Martiño Ramos Soto por las calles de La Habana. ¿La máscara de esa nueva identidad? una cámara fotográfica en el cuello con las intenciones de alcanzar la curva de la luz, como anuncia la cuenta de su propagado instagram con el ¿seudónimo? Martín Soto. Como si el rostro y su deleznable pasado, pudiera esconderse con el camuflaje de las abreviaciones.
“Lo vi por primera vez en la galería-taller Gorría, durante el Jam Poetry. Él estaba en el público, sentado como uno más. Cuando se acabó el evento, se acercó a mí para elogiarme. Después comencé a encontrarlo por exposiciones y eventos de artes visuales. Si no me equivoco, hasta impartió talleres sobre fotografía..."
No fue cualquier zona, donde el tránsfuga eligió residir. La barriada de El Vedado, específicamente en la calle 27 entre E y F, fue el sitio donde se le vio por última vez. Un lugar céntrico y exclusivo de la capital cubana, donde el precio de un Airbnb puede sobrepasar los 200 euros por 3 noches. Arribado desde julio, el recién llegado, con el obturador de sus desconocidas intenciones listo para ser accionado, puso objetivo en el ambiente cultural habanero. “Lo vi por primera vez en la galería-taller Gorría, durante el Jam Poetry. Él estaba en el público, sentado como uno más. Cuando se acabó el evento, se acercó a mí para elogiarme. Después comencé a encontrarlo por exposiciones y eventos de artes visuales. Si no me equivoco, hasta impartió talleres sobre fotografía. Abordaba a la gente de forma casi infantil, muy adulador, para caer en gracia, supongo. Se las daba de intelectual. Usaba espejuelos, camisas y shorts. Solía escribirle a muchachas para hacer sesiones de fotos y supuestamente colaborar”; describe una persona en calidad de anonimato que lo conoció el pasado mes de octubre.
Durante el Noviembre Fotográfico, evento organizado por la Fototeca de Cuba, Martín Soto estaba entre el público con la naturalidad de ser un participante cualquiera. En la isla, no había pasado por el cual escapar, ni sentencia dictada en su contra.
Aunque su pasaporte indique escalas previas en Brasil y Perú, el destino escogido probablemente figuraba de manera exprofeso en su particular “ratline”. Cuba, mecenas ideológico de la izquierda hispanoaméricana, encajaba perfectamente en su estratagema de huida. Delincuentes buscados por el FBI, militantes de ETA, del IRA, guerrilleros de América Latina, han vivido impunemente en la isla. El régimen, sin interesar atrocidades cometidas, los cobijó. Porqué no instalarse allí, en el último bastión comunista de occidente. Argüir una persecución implacable de la derecha extrema contra un abierto militante de izquierdas, podría servir de coartada perfecta. Además y cardinal: España y Cuba, no poseen tratado de extradición.
Martiño Ramos Soto, ya capturado, podrá apelar a cualquier argucia, pero la C escarlata e indeleble de criminal, se encuentra estampada en su pecho.
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