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AFILANDO TU INCONFORMISMO
Maruxa Salas (Ourense, 1976) lleva la danza en la sangre y en la cabeza. Su mejor carta de presentación es su larga y prestigiosa trayectoria profesional como coreógrafa y bailarina internacional. Codirige el proyecto y plataforma Cultural SóLODOS y el Festival SóLODOS EN DANZA. En 2013, reciben una invitación para trabajar en el claustro de San Francisco y nace el Festival “Danza no Claustro”, que actualmente se celebra en Santa María de Xunqueira de Espadañedo, Santa María de Melón y Santo Estevo de Ribas de Sil. Así que “volver a la ciudad” es uno de los deseos de Maruxa Salas: “Fue en San Francisco donde comenzamos y ya que trabajo en todo el mundo, me encantaría también poder trabajar aquí, en mi ciudad”.
Hace 20 años el Ballet Nacional de Cuba bailó su “Didenoi”. Dos décadas después, Lisboa ha acogido un reencuentro especial. ¿Cómo lo vivió?
Fue algo increíble. En marzo me llamaron del Ballet Nacional de Cuba para remontar una pieza mía que lleva en su repertorio desde hace 20 años, “Didenoi”, que en su momento obtuvo diferentes premios y una gran relevancia en La Habana. Así que se quedó en el repertorio. Ahora, 20 años después, venían de gira a España y, por primera vez, el Ballet Nacional de Cuba decide sacar obras que no son de autoría de Alicia Alonso, y una de ellas, mía. Fui a la actuación de Lisboa y tuve la suerte de que invitaran a Dulce Pontes, autora de la música de la coreografía. Fue algo único. Ver cómo una coreografía se convierte en repertorio de una compañía de relevancia internacional, que sigue teniendo éxito y, además, coincidir con la autora de la música sobre el escenario. Si hace 20 años estoy con Dulce Pontes, me hubiese muerto. Fue como un broche de oro para estas dos décadas.
¿Ourense fue un buen punto de partida?
Ourense fue un muy buen sitio para formarme. Empecé con Myriam y lo que destaco de ella es que, además de tener una disciplina absoluta, ama y tiene pasión por la danza. Para mí eso es fundamental. Me inculcó el amor por el arte de la danza y llevo su manera de hacer en las venas. A partir de entonces, tuve mucha suerte. A veces es cuestión de encontrarte en un lugar o en otro. Todo cuenta y todo suma. Tuve como mentor un coreógrafo que me quiso becar, en un momento en el que sólo se hacía con chicos, porque hay pocos bailarines. Fui la primera con la Fundación de Danza Alicia Alonso en Madrid y eso me permitió continuar mi formación. A veces es la suerte.
La RAE define la danza como “baile. Acción de bailar”.¿Es así de sencillo?
No. La danza es una forma de vida para los que vivimos de ella y para los que nos acompañan. Porque irremediablemente involucramos a todos los que nos rodean, familia, amigos. Es un sentir.
¿La vida es un baile?
Sí, absolutamente. Un baile para arriba y para abajo. La vida se baila. Creo que hay intensidades de la vida que se bailan de una manera y de otra. Yo, cuando me veo 20 años atrás, veo una energía arrolladora. Conforme te vas haciendo mayor tienes todo más asentado, más tranquilidad. Miras con más contemplación, con un disfrute diferente. Son todo etapas de la vida y se podrían adjudicar bailes o danzas para cada etapa.
¿El cuerpo en la danza es el instrumento o es sólo uno más?
Es uno más. Hay algo que está dentro del cuerpo que es lo que hace que el cuerpo se mueva, se exprese o comunique lo que sale de ahí dentro.
¿Se puede contar todo desde la danza?
Sí, se puede contar, pero no literalmente. Tú vas a recibir algo de la información en la que yo me he inspirado. Pero no vas a sacar la lectura literal de lo que me ha pasado a mí y de cómo lo transmito a través del cuerpo o del movimiento o del espacio sonoro de la pieza. Pero lo que a mí me inspira para crear una obra, fijo que al espectador le llega algo.
¿Se puede no entender la danza?
Se puede no entender, pero es que no hace falta, porque estamos hablando de otras cosas: emociones, sentimientos, y eso lo entiende todo el mundo. No hace falta entender literalmente lo que yo quise transcribir. Hablamos de otro lenguaje que no es técnico. Cuando el bailarín o bailarina es bueno, dices “no entendí nada, pero me encanta”.
“Mover cenizas”, su próximo proyecto, ha conseguido un contrato de coproducción con el Centro Coreográfico Gallego. Habla sobre los incendios en Ourense. ¿Había una necesidad?
Es un tema que a mí me resuena, porque soy ourensana y aquí cada dos por tres hay incendios. Es una tragedia que he vivido en mis propias carnes. Este trabajo es un poco un reflejo de cada uno de nosotros, ver cómo ese incendio nos afecta. Lo comparo con todas las circunstancias de la vida que te van ocurriendo. Las cicatrices que te va dejando en el cuerpo y cómo continúas, al igual que los árboles que se queman y se regeneran. Es muy Erick y Maruxa Salas.
Muchas veces se ha definido a la danza como la hermana pobre de las artes escénicas. Usted lo niega. ¿Podríamos decir entonces que es la menos popular?
Sí, puede ser eso. A mí lo de estar dando pena no me gusta. Sí es verdad que es la menos popular. Pero también creo que la danza ahora está muy de moda. Nosotros trabajamos en los desfiles de Adolfo Domínguez, hay muchos anuncios publicitarios con danza, estamos trabajando para ciudades patrimonio. La danza está entrando en otros espacios diferentes, hay más gama. Pero a nivel profesional puede que sea menos popular, puede que sí.
¿Qué hacemos para que deje de ser así?
Principalmente apoyo económico. La taquilla no llega, a no ser que sea una superproducción como “El rey León”. Pero las pequeñas producciones, de pequeñas compañías -pasa también en teatro- siempre estamos cogiendo migajas que no son suficientes para asentarse. Principalmente creo que la cultura no está lo suficientemente apoyada.
Antonio Gades decía: la danza no está en el paso, si no entre paso y paso. ¿Lo comparte?
Realmente sí. Todo lo que ocurre entre las cosas es más importante a veces que las cosas, y eso ocurre también en la vida. Estás construyendo un proyecto y cuando llegas a él, te das cuenta de que lo más interesante fue el proceso. A veces son más ricos que los proyectos finales, porque en ellos se construyen lazos de amistad, se crean momentos mágicos. Se construyen miles de cosas. Y la vida también es eso, miles de millones de cosas que se van construyendo. Las pequeñas cosas son las importantes.
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