EXPERIENCIA ACTIVA
La música, refugio de la memoria en la residencia Divino Maestro de Ourense
EXPERIENCIA ACTIVA
En los pasillos de la residencia Divino Maestro de la Fundación San Rosendo, el ritmo de la música rompe por un momento la rutina habitual. La celebración del Día Mundial del Alzhéimer el pasado 21 de septiembre se ha convertido en una oportunidad para activar el recuerdo a través de los acordes que acompañaron a los residentes en su vida. En un centro donde las limitaciones cognitivas forman parte del día a día de buena parte de los usuarios, la musicoterapia funciona como un canal directo a la juventud, a las fiestas del pueblo y a la biografía de cada uno de ellos.
Según explica la directora del centro, Mónica Pereiro, la propuesta responde a los gustos más arraigados de los propios mayores. “Hemos hecho un programa amplio sobre lo que más les gusta a ellos, que son todas las actividades relacionadas con la musicoterapia”, comenta al valorar la respuesta del grupo. En un entorno donde cerca del 90% de los usuarios padece algún tipo de deterioro cognitivo, la música de su época consigue despertar una interacción espontánea y “les recuerda sus tiempos pasados. Es una actividad que les divierte mucho, en la que participan todos: quien no puede bailar no lo hace, pero quien puede, lo hace. Consideramos que es la mejor actividad, la que más les gusta con diferencia”, explica.
El deseo de moverse al ritmo de las canciones choca en ocasiones con la realidad física de los residentes, aunque no aplaca el entusiasmo. Es lo que le ocurre a Nieves González, a quien le gusta mucho bailar “pero tengo una fractura de peroné y no puedo, no me tengo en pie, tiene que sujetarme con muleta o con andador”. Sin embargo, el bienestar se encuentra en otros gestos cotidianos, como la convivencia en los espacios comunes del centro que les permite “salir al patio en verano y estamos allí tomando el fresco, estupendamente”.
“Manolo Escobar me gusta mucho y Juan Pardo, que es gallego, también me encanta”, cuenta al recordar cómo eran las celebraciones en su juventud, marcadas por las costumbres de la época. “Íbamos a la fiesta poco porque teníamos unos padres muy rígidos, así que bailábamos en vez de cantar”, rememora.
Para algunos residentes, este tipo de actividades le llevan de vuelta a los años de cuidado de sus familiares. Francisco Morgade reflexiona sobre su experiencia personal asistiendo a su madre antes de dar el paso de trasladarse a la residencia. “Yo estuve asistiendo a mi madre durante nueve años, así que conozco bien el alzhéimer”. Mirando hacia atrás, reconoce las dificultades de compaginar la vida laboral con la atención continua que requiere la enfermedad y, aunque “yo la traté lo mejor que pude, ahora me doy cuenta de que hubiese estado mejor aquí. Yo tenía que trabajar, venía cansado y no se podía atender como tenía que atenderla”. Por eso, esa vivencia le llevó a buscar un espacio donde sentirse atendido y acompañado en su día a día, un lugar en el que “soy feliz. Paso el día, tengo mi programa para hacer mis cosas y lo paso estupendamente, no me aburro nada. Leo mucho, camino mucho y vengo a la capillita a rezar”, relata sobre su rutina en la residencia.
Al ritmo de la música transcurre también la historia de Francisco Veiga y Antonia Ferreira. Naturales del municipio de Riós, se definen con orgullo desde sus raíces rurales remarcando las tradiciones y festividades arraigadas en la zona como la celebración alrededor de las castañas, fruto por excelencia de la zona.
La música y el baile han acompañado al matrimonio a lo largo de toda su vida, regalándoles momentos de notoriedad y alegría compartida. Entre sus recuerdos más sonrientes evocan su paso por el popular programa Bamboleo, de Xosé Manuel Piñeiro. “Fuimos y ganamos un premio”, recuerdan con orgullo.
A la hora de hacer balance de su convivencia, Francisco no recurre a idilios idealizados, sino a la franqueza de quien ha construido un hogar superando las etapas difíciles del camino. “Tenemos que ser sinceros, en 70 años no fueron todo besos, también hubo inconvenientes”, confiesa con naturalidad, añadiendo que la madurez y el perdón siempre marcaban el rumbo de la pareja porque “después el reencuentro era más maravilloso”.
A día de hoy, aunque la salud exige más cuidados, el vínculo entre ambos se mantiene firme. Francisco observa cómo el estado de salud de su esposa, a quien visita a diario, pasa por altibajos, notándola a veces “un poco más chunguilla”, pero se reconforta viéndola reaccionar durante las dinámicas del centro. Para él, las sesiones de musicoterapia cumplen una función indispensable para activar la memoria afectiva.
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