Operación Cuac: lluvia de patos en la calle del Paseo tras dejar el nido

RESCATE ANIMAL

Una insólita lluvia de ocho patos desde un quinto piso de la calle del Paseo se transformó en un rescate de película en el que los bomberos lograron reunir a las crías con su asustada madre

La madre pata bajó al escuchar a las crías, soltadas a modo de señuelo.
La madre pata bajó al escuchar a las crías, soltadas a modo de señuelo. | José Paz

El parte meteorológico no preveía precipitaciones, y ningún radar habría detectado el insólito chaparrón de palmípedos que cayó a media tarde de este martes sobre los atónitos viandantes de la concurrida calle Paseo. Ocho intrépidos patitos, recién salidos del cascarón en una jardinera de un quinto piso de la milla de oro de la ciudad, decidieron que era hora de abandonar el nido y conocer mundo. Milagrosamente, el escuadrón plumífero aterrizó ileso en el asfalto. Quien no llevó tan bien la hazaña fue la mamá pata: abrumada por el revuelo y el gentío, entró en pánico y se dio a la fuga, saltando frenéticamente entre balcones y cornisas. Abajo, un vecino logró meter a los polluelos en una caja de cartón, pero la familia estaba rota e hizo falta llamar a los bomberos de la ciudad, expertos en fuegos y en otras muchas lides.

A las 17,45 horas, los bomberos entraron en escena con una misión digna de película. Lo primero fue acordonar la calle, con ayuda de la Policía Local, para que la madre no se asustase más y terminara abandonando a su suerte a las crías. Después, siguiendo el brillante consejo telefónico de un técnico de Medio Ambiente, emplearon la táctica del señuelo: sacaron a dos de los patitos de la caja para que sus “cuacs” sirvieran de baliza acústica. El plan funcionó a la perfección. Guiada por los graznidos, la escurridiza ave fue conducida hábilmente hasta las galerías Sol, donde bajaron la persiana para acorralarla y sellar el reencuentro.

Pasadas las 18,30 horas, la odisea culminó en el cauce del río Miño, muy cerca de las instalaciones de los bomberos. En cuanto la pata se zambulló en el agua, sus ocho valientes nadaron tras ella en fila india, como si el trauma urbano no hubiera sido más que un ligero calentamiento.

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