Ourense se apaga como foco capaz de atraer nuevos residentes
DEMOGRAFÍA LOCAL
La mayoría de nuevas altas en los censos municipales de Ourense proceden de Pontevedra, Lugo y A Coruña
Ourense se mueve, pero no sale de casa. Los datos del padrón continuo del INE de 2024 dibujan una provincia que no mira tanto hacia fuera como hacia su propio entorno. La mayoría de la población residente ha nacido en la propia provincia (más de 227.000 personas), y entre quienes proceden de fuera dentro del territorio nacional, el origen predominante es gallego. En este caso no se ha tomado en cuenta la población nacida en el extranjero, que alteraría de forma significativa la lectura de los flujos.
Pontevedra (7.410), Lugo (6.254) y A Coruña (4.409) concentran el grueso de los nacidos fuera de Ourense. Muy por detrás aparecen territorios como Barcelona (2.754), León (2.497) o Bizkaia (1.506), en un mapa que combina proximidad geográfica y memoria migratoria. La provincia no atrae grandes flujos desde fuera, sino que redistribuye población dentro de su propio entorno.
Este patrón no es exclusivo de Ourense, pero sí más acusado que en otras áreas gallegas, donde los flujos con el exterior tienen mayor peso y la capacidad de atracción resulta más evidente. Frente a polos como A Coruña o Vigo, la provincia se mueve en una lógica distinta, mucho más vinculada a su entorno inmediato.
Para el economista Alberto Vaquero, este comportamiento responde a dinámicas naturales. “La primera de las movilidades es la que se produce entre las zonas más próximas, y a ser posible entre provincias de la misma Comunidad Autónoma, esto es algo natural, puesto que no se quieren perder los vínculos con las zonas de procedencia”, indica. Ese mismo principio explica también el peso de Castilla y León, con provincias como León o Zamora entre los principales orígenes fuera de Galicia. “La distancia es una variable que influye mucho a la hora de decantarse por el territorio de destino”, explica.
Madrid y Barcelona
En cambio, territorios como Madrid no juegan el papel que cabría esperar por su tamaño. No porque no estén presentes, sino porque su peso es limitado dentro del conjunto. En este sentido, Vaquero apunta al papel inverso que desempeñan estas grandes ciudades: “Sucede algo normal. Madrid y Barcelona son dos ciudades que actúan como polo de atracción para los residentes en toda España”.
El resultado es un sistema demográfico que funciona en buena medida sobre sí mismo. “Se trata de una decisión racional, ya que son personas que no quieren irse muy lejos, para mantener los lazos familiares, de amistad e incluso laborales, pero que deciden irse de sus lugares de procedencia”, explica el economista.
Esa lógica también se reproduce dentro de la propia provincia, donde la ciudad de Ourense sigue ejerciendo como foco, pero con matices, en los últimos años ha venido de la mano del crecimiento en su área metropolitana. Municipios como O Pereiro de Aguiar, San Cibrao das Viñas o Barbadás ganan población al ofrecer un equilibrio entre proximidad urbana y calidad de vida. “Hay que destacar el importante movimiento de población hacia municipios periurbanos, que acumulan un importante aumento de población, sobre todo de personas con niños. Todos estos municipios tienen cerca a la ciudad de Ourense, pero al mismo tiempo un entorno más cómodo para vivir. Y el precio de la vivienda no es tan elevado como en la ciudad de Ourense”.
El peso de territorios como Barcelona o el País Vasco no responde tanto a movimientos actuales como a décadas de emigración y retorno. En este sentido, Vaquero lo resume de forma clara: “Sí, esos movimientos son habituales si son personas mayores, que vuelven para jubilarse”.
Este modelo, basado en la proximidad y en el retorno, refuerza además el envejecimiento de la población, al no incorporar nuevos residentes en edad de trabajar con la misma intensidad que otros territorios. Ourense no compite en salarios ni en volumen económico, pero sí puede hacerlo en calidad de vida.
Sin embargo, bajo esta aparente estabilidad late un problema de fondo. “Ourense tiene un problema demográfico muy importante. Lo llevamos diciendo muchos años. Hasta el momento las políticas aplicadas no han mejorado sustancialmente esta situación”. El escenario, si nada cambia, es poco optimista. “De no tomar medidas, se seguirá produciendo un abandono del medio rural y la provincia no será en un atractivo para nuevos residentes”.
Mientras tanto, los datos cuentan una historia diferente. Ourense camina y cambia, pero lo hace mirando hacia dentro.
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