Ourense no tempo | Un Barbaña bajo cubierta

LEMBRANZAS

Viaja al pasado con una nueva entrega de Ourense no tempo por Rafael Salgado.

En 1895 se había eliminado el viejo Ponte Pedriña y, después de un tiempo con uno provisional de madera, se levantó este muro puente (1957).
En 1895 se había eliminado el viejo Ponte Pedriña y, después de un tiempo con uno provisional de madera, se levantó este muro puente (1957).

Ya me anticipo a las muchas opiniones que no coincidirán con la mía, y admito que quizá quienes las sostienen tengan razón y sea yo quien esté equivocado. Pero la realidad es que, como nunca se llevó a cabo, jamás sabremos qué habría sucedido. Intentad imaginar por un momento que se hubiera decidido cubrir el cauce del Barbaña entre el puente de Marcelo Macías y el puente Lebrón. En mi opinión, habría sido una idea magnífica… aunque solo comparable con otra posibilidad que todavía hoy me parece más atractiva: haber transformado ese recorrido en una gran zona de recreo y disfrute, aprovechando todas las posibilidades que ofrece tener un río encauzado atravesando la ciudad.

Por desgracia, ninguna de las dos opciones llegó a desarrollarse plenamente. Es cierto que la desembocadura fue cubierta y hoy ese espacio lo ocupa la calle Pardo de Cela, cuyo principal objetivo es aliviar el tráfico del centro; aunque, para ser justos, con un resultado que probablemente los peatones valoran con bastante menos entusiasmo.

El Barbaña que podría ser y el que es.

También existe un paseo que continúa mejorándose poco a poco y que invita a pensar que quizá algún día la segunda opción termine por convertirse en realidad. De momento ya contamos con varias zonas ajardinadas. Confiemos en que se siga avanzando en esa dirección.Pero vayamos al comienzo de esta historia.

En la vieja Auria, tener este río vertebrando la ciudad era, en principio, una auténtica comodidad: permitía dar salida con facilidad a las alcantarillas. Una solución práctica… o al menos eso parecía mientras la ciudad mantenía unas dimensiones razonables. Como suele ocurrir con ciertas ideas que parecen brillantes mientras el problema cabe en una libreta, a medida que Ourense fue creciendo aquello que había nacido como una ventaja empezó a convertirse, a pasos agigantados, en un serio problema de salud pública.

No me consta desde cuándo comenzó en la ciudad la reivindicación del encauzamiento del Barbaña, pero sí sabemos que ya desde el siglo XIX la limpieza de sus aguas era un clamor popular. Entre actuaciones puntuales y remiendos municipales, el problema seguía ahí, esperando a que alguien decidiera afrontarlo de verdad.

Imagen de los alrededores de Orense.
Imagen de los alrededores de Orense.

Fue finalmente en 1915 cuando se recibió del Ministerio de Fomento la cantidad de 31.444 pesetas (aunque lo parezca. aquello no era escaso: según los cálculos de la época, equivalía aproximadamente al pago de unas 12.000 horas de trabajo de un peón o, dicho de otro modo, permitía contratar a unos 40 obreros durante un año entero). Aun así, la magnitud del problema era tal que aquella inversión apenas alcanzaba para sanear el río. Porque llegado cierto punto ya no se trataba de limpiar el Barbaña: se trataba de intentar convencer a un río de que dejara de comportarse como la alcantarilla que durante décadas le habíamos pedido que fuese.

Se reintentó en 1932, pero en esta ocasión las arcas municipales no pudieron hacer frente a la parte que le correspondía y de nuevo quedó el tema pendiente.

Fue por fin en los años 50 cuando cogió de nuevo impulso dar solución al problema. Entre mis lecturas apareció un plan de esa década que proponía una solución integral a los males del Barbaña: desagües descontrolados, limpieza del cauce y eliminación de los puentes más débiles. Sobre la mesa estaba la opción de crear un nuevo vial cubriendo el cauce, algo que habría cambiado significativamente el tráfico de la ciudad. Sin embargo, aunque se comenzaron los trabajos, el elevado coste de las losas de hormigón que debían taparlo hizo que esa idea se desvaneciera.

La realidad es que las obras de aquellos años cincuenta consiguieron evitar que las crecidas del Barbaña ocasionaran grandes problemas y se soterraron los primeros colectores de aguas residuales. Sin embargo, quedó pendiente la remodelación profunda del antiguo Ponte Pedriña. Este paso se había reconvertido provisionalmente en el “muro puente” que veis en la fotografía de 1957, un punto negro que en su día solo disponía de un único ojo, interrumpiendo el paso por los márgenes. Hubo que esperar hasta la década de los 90 para que se acometieran las obras definitivas de apertura de la base y ampliación de la superficie, dando lugar al actual puente de Ervedelo con sus dos carriles de circulación y amplias aceras.

Haciendo memoria, no hace mucho que algunos vecinos de O Couto me comentaban cómo recordaban que, durante esa última gran reforma, tenían que cruzar el río por una estructura de madera provisional que, según me decían, era un poco “precaria”.

A día de hoy, y desde 1996, la idea de cubrir el río ha quedado descartada por completo. Se han eliminado los vertidos directos totalmente y se ha iniciado la construcción del paseo fluvial y las zonas ajardinadas que algún día valoraremos como una de las mejores zonas de la ciudad. Hoy, en mi modesta opinión, le falta uso

Y vosotros, ¿creéis que le falta vida al paseo actual o que realmente se debería haber cubierto en los cincuenta?

Contenido patrocinado

stats