Ourense no tempo | El Ourense de Pedro Ferrer
LEMBRANZAS
Viaja al pasado con una nueva entrega de Ourense no tempo por Rafael Salgado
De entre los grandes pioneros de la fotografía en Galicia, pocos son, o ninguno, los que no han realizado algún trabajo en nuestra provincia. Hoy voy a recordaros la obra de un coruñés polifacético que nos ha dejado imágenes interesantísimas... ¿O acaso no fue él?
Nacido en A Coruña en 1870, hijo de Francisco Ferrer —un comerciante catalán que había instalado su negocio de papelería en Galicia—, Pedro se vio rodeado desde pequeño de papel, prensas y máquinas fotográficas. Aquel entorno constituía el escenario perfecto para comprender que se vivían momentos de grandes avances tecnológicos y que en la innovación residía el éxito. La litografía, el fotograbado, la imprenta y la fotografía fueron sus principales ocupaciones, e incluso llegó a ser un pionero de la discografía gallega. Sin embargo, hoy me limitaré a citar sus trabajos conocidos en nuestra Auria.
Tendríamos que remontarnos a comienzos del siglo XX, aproximadamente entre 1903 y 1908, época a la que pertenecen la mayoría de las fotografías que nos ha legado de Ourense y su provincia. Las más conocidas son las que seleccionó para su célebre “Portfolio Galicia”, que vio la luz en 1904. Un año antes, Ferrer había recibido el encargo de realizar una revista con motivo de las fiestas del Corpus. Con la ayuda de auténticas figuras del Ourense y de la Galicia literaria, nos legó la revista Auria Bella. En sus páginas, y junto al maestro José Pacheco, nos dejó una larga serie de retratos de personajes y negocios de aquel Ourense: la clínica del patriarca de la saga García del Villar, la fachada de la Relojería Suiza de Otto Bodmer, el interior del Café La Unión y unas cuantas joyas más.
Al mismo tiempo, y como era costumbre en aquellos tiempos, Ferrer decidió publicar algunas postales con imágenes de nuestra ciudad. También recibió el encargo de don Lino García Vázquez, el dueño de la papelería de Verín, de imprimir otras postales con dicha villa como protagonista; años más tarde repetiría la experiencia, aunque centrándose en los balnearios de la zona. Entre las estampas de la capital descubrimos una calle del Progreso aún sin asfaltar y con edificios de únicamente dos alturas, o una plaza del Rastro al pie de la iglesia de la Trinidad en la que todavía no se había instalado el portalón del Hospital de San Roque.
De entre esas fotografías atribuidas en principio a Ferrer, llama poderosamente la atención la vista de Ourense tomada desde Montealegre, sobre todo cuando lo habitual en la época era buscar la perspectiva de la rampa de Sas, en Rabo de Galo. Gracias a ella podemos contemplar la trasera de la iglesia de los franciscanos en su ubicación original, mostrando un Campo de Aragón totalmente vacío de edificaciones. Al fondo se divisa sin obstáculos el inmueble que hoy es edificio de la Subdelegación de Defensa y que albergaría el Colegio de los Hermanos Maristas, detrás del cual se empezaba a desarrollar la calle Progreso. Por último, si aguzáis la vista, podréis ver la chimenea de Conde Valvís que campaba en su fábrica de electricidad al lado del puente. En total, conozco alrededor de sesenta fotografías de Pedro Ferrer con temática ourensana, pero seguramente se puedan encontrar algunas más.
Al evocar hoy al maestro Ferrer, me gustaría recordar uno de los mayores dilemas con los que nos encontramos quienes disfrutamos investigando estas imágenes del ayer. En aquellos años, el hecho de que una toma llevara el sello de un tipógrafo o de un fotógrafo concreto no permitía, desgraciadamente, tener la completa seguridad de su autoría material. En ocasiones, la buena relación entre los profesionales de la fotografía facilitaba que se compartieran trabajos, y no se consideraba prioritario quién firmaba la obra.
En el blog tenemos unos cuantos ejemplos de este “problema”, y Pedro Ferrer es uno de los que más dudas provoca. El “Portfolio Galicia” es una buena muestra de ello. Otro ejemplo es el álbum “Bellezas de Galicia”, en el que Ferrer colabora junto con José Pacheco y otros fotógrafos; en su apartado dedicado a Orense presenta fotos que se suponían de Pacheco y que, sin embargo, fueron publicadas como tarjetas postales bajo la firma de Ferrer. De este modo, la historia oficial de la fotografía se topa con un estimulante dilema historiográfico: la frontera entre el fotógrafo que captura la realidad con su cámara y el editor que la difunde masivamente bajo su sello comercial.
De momento, si queréis ampliar datos, se editó en 2005 un estupendo trabajo sobre Pedro Ferrer, aunque, eso sí, centrado lógicamente en su legado coruñés. Fue obra de Carlos Díaz Martínez y lo publicó la editorial Xerais bajo el título “A Coruña de Pedro Ferrer”.
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