DEUDA OCULTA Y RETRASOS
La parálisis del Concello de Ourense frena obras y espanta a las empresas
DEUDA OCULTA Y RETRASOS
La paralización de las obras en la avenida de Portugal es solo la punta del iceberg de la profunda crisis que devora la contratación pública en el Concello de Ourense. La decisión de la constructora Opain de suspender los trabajos y retirar su maquinaria tras acumular tres mensualidades impagadas no solo compromete una reforma viaria de 5,9 millones de euros y pone en riesgo una subvención europea de 1,4 millones del plan Next Generation, sino que es el síntoma visible de un colapso generalizado. Estamos ante algo inédito en la historia reciente de la ciudad: una empresa tiene que parar las obras porque el Concello, simplemente, no le paga.
No es un caso aislado, porque el motor económico municipal parece gripado. El Concello tenía a inicios de 2025 un total de 30,9 millones de euros en facturas sin tramitar, deudas atrapadas en los cajones de la administración que ni siquiera constan oficialmente en el presupuesto. Además, el gobierno local no ha actualizado esta cifra a finales de 2025, incumpliendo su obligación legal, a diferencia del resto de urbes españolas que sí rinden cuentas en el portal de Hacienda.
A esta deuda opaca se suma el periodo medio de pago a proveedores –que solo contabiliza las facturas que no están escondidas en el cajón–, que escaló en enero hasta los 57,79 días (el doble del límite legal permitido), situando a Ourense como la segunda capital de provincia de toda España que más tarda en abonar sus facturas. Y si esta cifra no es peor, es porque el Estado le impuso un préstamo obligatorio para rebajar su morosidad.
Hace años que el Consistorio es incapaz de pagar en tiempo y forma. Ante este desastre, la solución del alcalde siempre es la misma: echarle la culpa a las empresas, a los funcionarios o a herencias del pasado, negando su propia responsabilidad.
Esta espiral de descontrol es de tal magnitud que el Ministerio de Hacienda ha intervenido de facto, manteniendo retenida la Participación en los Ingresos del Estado para la ciudad, como castigo por ocultar sus cuentas, desde el pasado mes de diciembre. Es la única ciudad de España en esta situación. Ante esta auténtica ruleta rusa, el sector privado huye.
La inseguridad espanta a las empresas, dejando los recientes concursos públicos de obras completamente vacíos o bajo mínimos, con las grandes constructoras totalmente ajenas a los proyectos ourensanos. Ningún estudio de arquitectura presentó ofertas para redactar el proyecto de demolición de parte de un edificio en Avenida das Caldas 36, y la estratégica rehabilitación de la Pasarela do Vao –que comunica el centro comercial Ponte Vella con el barrio de A Ponte– por 768.345 euros también quedó desierta.
Lo más sangrante es que la ineficacia cuesta dinero extra: hace unos días, el Concello tuvo que adjudicar un contrato menor directo de 5.445 euros para actualizar el fracasado proyecto de O Vao e intentar, a la desesperada, atraer a algún postor.
Cuando las licitaciones logran esquivar el desierto, caen en manos de un núcleo cerrado de empresas, las únicas que se presentan. Las constructoras pasan de largo y ceden todo el terreno a un grupo muy reducido de firmas habituales que se reparten los contratos.
El millonario acondicionamiento de la plaza Daniel González en As Lagoas (1,19 millones) se ha resuelto con una única oferta, la de la UTE Oresa-Asfaltos Galaicos. La estadística se repite como un bucle en el resto de expedientes: la pasarela de Outariz (1,64 millones) apenas atrajo a dos firmas, Misturas y Oreco Balgón, exactamente las mismas que pujan por la plaza de la Legión (917.488 euros). El área lúdica de Barrocás (1,09 millones) corrió idéntica suerte, limitada a Coviastec y Proyecon.
El circuito está tan cerrado que la propia Opain, responsable de la vía empantanada en la avenida de Portugal, puja actualmente por la humanización del núcleo de A Lonia junto a otras dos compañías habituales (Coviastec y la UTE Oresa-Asfaltos Galaicos). Esta alarmante falta de concurrencia tiene un efecto colateral: el desplome de la calidad de las obras.
El Concello facilita la baja exigencia utilizando pliegos idénticos para obras dispares, reservando siempre un 30% de la puntuación a juicios de valor técnicos. Sin rivales contra los que competir, las empresas necesitan menos esfuerzo. El ejemplo más sonrojante es el nuevo osario del cementerio de Santa Mariña (169.152 euros). La única empresa presentada obtuvo un raquítico 1 sobre 15 en la evaluación técnica.
Obras sin terminar, subvenciones perdidas, empresas sin cobrar, calles convertidas en un caos y mentiras para tapar la parálisis de una gestión cada vez más cuestionada.
0 ofertas
Pasarela do Vao (768.345 euros) y proyecto de demolición de la Avenida das Caldas.
1 oferta
Acondicionamiento de la Plaza Daniel González (1,19 millones de euros) y obra del osario del cementerio de Santa Mariña (169.152 euros).
2 ofertas
Pasarela de Outariz (1,64 millones), Área lúdica de Barrocás (1,09 millones) y Plaza de la Legión (917.488 euros).
3 ofertas
Humanización de A Lonia (852.821 euros).
Contenido patrocinado
También te puede interesar
DEUDA OCULTA Y RETRASOS
La parálisis del Concello de Ourense frena obras y espanta a las empresas
LEGALIDAD VIGENTE
La Diputación arranca con la legalización del pazo Paco Paz
Lo último
Simone Saibene
¡BUONE VISIONI!
¡La novia!
PLANES EN OURENSE
Agenda | ¿Qué hacer en Ourense hoy, viernes 13 de marzo?