HABLAN LOS PROFESIONALES DEL TRANSPORTE
“Ou parar ou traballar a perdas”: el combustible amenaza al transporte
HABLAN LOS PROFESIONALES DEL TRANSPORTE
La escalada inasumible de los carburantes, en máximos históricos, está asfixiando a los sectores ourensanos que dependen de la movilidad. Tras encarecerse de forma incesante desde los 1,76 euros/litro que marcaba a finales de agosto, tanto la gasolina como el diésel alcanzaron cerraron ayer con una media de 1,98/l euros en la provincia. Con los surtidores de hasta un 25% de las gasolineras (22 en gasolina y 24 en diésel) superando ya la barrera de los dos euros por litro, el transporte de mercancías, las autoescuelas, los taxis o el sector primario se están quedando sin oxígeno. La extrema volatilidad está obligando a muchas empresas a operar con rentabilidad nula o directamente en negativo.
El testimonio de Rafael Domínguez, profesional del transporte, radiografía la parálisis que vive el sector logístico, donde planificar a corto plazo se ha vuelto una quimera. “Agora mesmo venche calquera e non podes dar un prezo dun traballo que vaias facer en dous, tres meses, porque con que siga incrementándose así o prezo, non hai forma”, explica. Esta asfixia empuja a muchos autónomos, especialmente a aquellos atados a contratos cerrados, a plantearse abandonar la carretera: “Compañeiros que traballan baixo unhas tarifas, están pensando que non poden. Ou parar, ou que non lles é rendible”. Él mismo lo resume con total rotundidad sobre los precios oficiales: “Agora mesmo, o prezo que ves no cartel sería traballar a perdas”.
La supervivencia de la mayoría de estos negocios pende ahora mismo de un salvavidas de céntimos: los acuerdos privados por volumen y las actuales bonificaciones del Gobierno (20 céntimos para el diésel y 5 para la gasolina). Domínguez detalla cómo se construye este frágil escudo que le permite seguir arrancando el camión: “Grazas ao que negocio eu coa gasolineira, ponlle 15, 16 céntimos, e os 20 do Goberno. Consigo do prezo que está no cartel 36 céntimos menos. Se non fora iso, agora mesmo, fatal”.
Sin embargo, los profesionales miran con pánico al calendario, ya que las ayudas estatales caducan a final de mes. Si el Estado retira el descuento, la gasolina pasaría a 2,03 euros y el diésel se disparará hasta los 2,18 euros.
Incluso blindándose con todas las rebajas posibles, el sobrecoste mensual que asumen de su propio bolsillo es demoledor. “En 4.000 litros que consumo ao mes, subiume 800 euros máis, e frente a antes do conflito, uns 1.200 euros. A ver en que dá isto, pero. pinta mal”, advierte este transportista con crudeza. Un agujero financiero letal que se replica a diario, a su escala, en los depósitos de los tractores, taxis y coches de autoescuela, incapaces de repercutir el coste a sus clientes sin afectar a la demanda.
Para el sector del taxi en Ourense, tener el combustible a dos euros es “una auténtica locura” que se suma a una tormenta perfecta de gastos. Francisco Javier Fernández, presidente de la asociación provincial, alerta de que los costes operativos se han disparado. El carburante en máximos históricos se suma a las pólizas de seguro, que alcanzan ya hasta los 6.000 euros anuales, y el precio de compra de los vehículos para el sector ha pasado de 25.000 a 40.000 euros en cinco años.
La menor rentabilidad provoca que las jornadas de ocho horas sean inviables. Los taxistas se ven obligados a trabajar entre 12 y 14 horas diarias para sacar un sueldo digno, lo que ha generado una fuga de trabajadores. Como principal vía de escape frente al surtidor, la flota ourensana acelera su transición: el 50% de las nuevas adquisiciones “ya son vehículos eléctricos”, que resultan rentables gracias a las recargas domésticas. Acorralados por la situación, desde la asociación reconocen que “pese a que no nos gusta repercutirlo en los clientes, nos estamos planteando solicitar una subida de tarifas”.
El constante encarecimiento del combustible supone un golpe crítico también para las autoescuelas ourensanas, que ven amenazada su rentabilidad debido a su particular modelo de negocio. Luis Novoa, presidente de la Asociación Provincial de Empresarios de Autoescuelas, explica que el sector se encuentra “sometido” por los contratos de enseñanza obligatorios. Al tener las tarifas ya fijadas por escrito con los alumnos matriculados, a las empresas les resulta imposible repercutir esta subida de costes en los precios.
A esta barrera contractual se suma un agravio comparativo. Novoa denuncia que, al no estar clasificados oficialmente dentro del sector del transporte, se quedan fuera de las ayudas directas del Gobierno. A través de la Confederación Nacional de Autoescuelas, el sector reclama ser incluido en estas medidas paliativas en igualdad de condiciones. Aunque todavía no constan parones de actividad económica, el malestar por la falta de rentabilidad es ya generalizado entre los asociados de la provincia.
El campo afronta una crisis de costes sin precedentes en plena vendimia y arranque de la campaña de la patata en A Limia. El gasóleo agrícola se ha disparado un 46% desde finales de febrero, alcanzando ya los 1,68 euros por litro. El impacto a pie de finca es inasumible: llenar un tractor de 300 litros exige desembolsar casi 500 euros, unos 150 euros más por repostaje que antes del conflicto en Oriente Medio. Un sobrecoste salvaje que las ayudas públicas -topadas en 20 céntimos- no cubren ni a la mitad.
A esta asfixia se suma el miedo a un abismo inminente. Las bonificaciones del Gobierno caducan el 30 de septiembre y, si no se aprueba una prórroga de urgencia, la organización agraria COAG advierte que el 1 de octubre el precio subirá de golpe otros 9,2 céntimos por litro.
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