Pepo Márquez, líder de The Secret Society: "La música es un negocio, pero debería ser un negocio justo para todos”

ENTREVISTA

Pepo Márquez, líder de The Secret Society, regresa a Ourense para tocar en El Torgal. La banda, que lleva más de dos décadas en activo, presenta su quinto disco "Contra toda autoridad"

Pepo Márquez
Pepo Márquez | Vanessa García-Calvo

Pepo Márquez (Madrid, 1979), líder de The Secret Society, regresa a Ourense para tocar en El Torgal. La banda, que lleva más de dos décadas en activo, presenta su quinto disco "Contra toda autoridad". Además, el madrileño ha publicado un libro donde cuestiona la estructura de la industria musical.

Pregunta. Vuelves a tocar en el Torgal. ¿Qué significa para ti esta sala?

Respuesta. Para mí el Torgal es muy importante, no solo en mi música, sino también en mi vida. Es la séptima vez que voy a tocar allí y soy amigo personal de David y de Isaac Pedrouzo. No es una parada más. Esta gira tenía que pasar por aquí sí o sí.

P. Ahora resides en Hamburgo y vuelves a España para esta gira. ¿Cómo estás viviendo estos conciertos?

R. Está siendo muy emocionante, porque estas giras no las hacen bandas tan pequeñas como la mía. Nosotros además tenemos una particularidad: al vivir fuera no podemos venir a España cada fin de semana, así que tenemos que concentrar todas las fechas posibles de una tirada. Esto solo es posible cuando mis hijas tienen vacaciones y pueden quedarse con su madre. En Alemania las vacaciones están organizadas de otra manera, así que ahora tienen dos semanas libres y yo puedo permitirme venir.

P. Después de tantos años con The Secret Society, ¿el proyecto es hoy lo que imaginabas cuando empezaste?

R. Nunca he tenido un plan. Siempre he trabajado con lo que había y he ido valorando las oportunidades que iban surgiendo. No me imaginaba que después de casi 25 años iba a estar haciendo una gira con la envergadura que está teniendo esta y con la repercusión que está teniendo. Pero lo que más me conmueve no es la cantidad de conciertos ni la presencia en redes. Es llegar a un sitio y que la gente nos reciba con tanto respeto y cariño.

P. Después de la gira vuelves a Hamburgo y a tu vida cotidiana. ¡Casi como Superman volviendo a ser Clark Kent!

R. Un poco sí. Pero eso es muy emocionante porque te mantiene centrado en lo importante y te aleja de toda la frivolidad que a veces rodea a la música y a la idea de creerse artista. Yo soy un artista las veinticuatro horas del día, pero no solo en la música. Siempre estoy creando. Pero muchas veces lo que tengo que hacer es ser el padre de mis hijas, ser un trabajador, ser ciudadano. Yo termino de tocar, cojo un avión y vuelvo a mi personaje normal en Hamburgo.

P. Tus canciones mezclan emoción con contundencia musical. ¿Que pesa más para ti?

R. No lo sé separar. Para mí forman parte de la misma cosa. Tampoco soy dueño al cien por cien de mis canciones, en el sentido de que muchas veces no sé exactamente lo que van a ser cuando empiezo a escribirlas. Se desarrollan de una determinada manera y yo he aprendido a no intentar controlar algo que en el fondo es incontrolable.

R. Lo que sí controlo son las letras. Para mí las canciones son la ropa que llevo y las letras son la pie. Eso es lo que me define. No me define si una guitarra suena mejor o peor o si un sonido de batería es más contundente. Pero sí si he sido capaz de expresar algo de manera única, bonita o emocionante.

P. Recientemente has publicado un libro donde criticas el modelo de macrofestivales dominado por grandes empresas. ¿La música es un negocio más?

R. La música es un negocio, por supuesto. Todo es un negocio: comer es un negocio, vivir es un negocio. Eso no es un problema, sino que sea un negocio justo para todos, no solo para unos pocos. Yo no soy un purista ni creo en la pureza en la música. El problema es un modelo que está corrompido desde dentro. Muchos festivales están ahora en manos de fondos de inversión que tienen inversiones en otros sectores muy problemáticos, y a mí me incomoda que algo tan importante para mí como la música esté vinculado a eso. Además hay un riesgo de vaciar de significado la música y convertirla simplemente en un pasatiempo o en un producto financiero.

P. Hubo polémica con algunos artistas que siguieron tocando en festivales vinculados con elementos polémicos, como el fondo KKR. ¿Crees que las bandas deberían posicionarse?

R. Yo no soy quien para decirle a otro artista lo que tiene que hacer. Hay músicos cuyo ingreso depende exclusivamente de tocar. Igual que muchos trabajadores trabajan en cosas que no les representan, a los artistas también les pasa. Es muy fácil ser Residente y negarse a tocar cuando tu caché son 500.000 euros. Es triste, pero hasta para ser buenas personas necesitamos dinero. En todo caso, para mí el problema no está en los artistas, está en el consumo. Cuando el público empiece a darle importancia a estas cosas, la realidad empezará a cambiar.

P. En ese contexto, ¿qué papel tienen las salas de conciertos?

R. Las salas son el lugar donde los artistas se hacen grandes, donde se prueban cosas y donde pasan cosas. Pero tampoco hay que glorificar el concepto de sala por el hecho de ser una sala, hay dueños de salas que representan todo en lo que yo no creo y donde yo rechazo tocar aunque me lo ofrezcan. Al final, las salas son un espacio y ese espacio hay que llenarlo de significado.

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