La población infantil cae en la ciudad de Ourense y se dispara en el área metropolitana

DECLIVE RURAL

El acceso al trabajo, la disponibilidad de vivienda asequible y los servicios a las familias, claves para que municipios como San Cibrao o Pereiro, en el área metropolitana de Ourense, multipliquen el número de niños en su censo

Publicado: 22 ago 2026 - 07:25 Actualizado: 22 ago 2026 - 07:32
Niños reunidos a las puertas del colegio esperando para entrar a las aulas en el primer día de escuela.
Niños reunidos a las puertas del colegio esperando para entrar a las aulas en el primer día de escuela. | José Paz

Aunque el invierno demográfico de la provincia es evidente, hay concellos que han logrado aumentar notablemente su población infantil en las últimas dos décadas. El mapa de la población ourensana más joven ha cambiado en el primer cuarto del siglo XXI. Los datos extraídos de la última actualización del padrón (con cifras consolidadas a cierre de 2025) dibujan un territorio a dos velocidades. Las familias se trasladan de la ciudad hacia el área metropolitana, mientras el rural ve cómo desaparecen sus esperanzas de relevo generacional.

El dato más impactante del análisis demográfico es la fuerte pérdida de población infantil en la ciudad. A principios de siglo Ourense tenía 8.154 niños menores de diez años, la cifra de 2025 se sitúa en 6.752. Se trata de una pérdida neta de 1.402 niños, lo que equivale a vaciar varios centros educativos.

Este descenso en el núcleo urbano responde a varios factores. La dificultad para acceder a viviendas a precios competitivos en el centro, unida a la búsqueda de espacios abiertos -una tendencia que se aceleró tras la pandemia-, ha empujado a familias a trasladarse, aunque sin alejarse del área urbana.

Crecimiento con deberes

Los municipios del área metropolitana, que han sabido también ofrecer los servicios necesarios, absorben este crecimiento. El caso más llamativo es el de San Cibrao das Viñas. La localidad ha pasado de registrar apenas 192 niños en 2001 a contabilizar 443 en la actualidad, más del doble.

Su alcaldesa, Marta Novoa, celebra estas cifras y tiene clara la clave del éxito.“É froito do que ofrecemos, somos atractivos para as familias porque hai traballo, vivenda e opcións de conciliación”, apunta. Novoa destaca que ofrecen numerosas actividades a lo largo del año, de manera gratuita, para que los más pequeños puedan crecer en el municipio.

Este aumento de población infantil trae consigo ciertas exigencias. “Somos conscientes de que temos tareas pendentes; necesitamos un colexio e un pediatra”, reconoce la regidora. Sobre la infraestructura educativa, Novoa detalla que el proyecto del centro “está en fase de estudio” y se ubicaría en Reboredo, donde el Concello ya adquirió un terreno para su construcción.

Otra de las localidades que crece es O Pereiro de Aguiar, que suma 246 menores a su padrón (un crecimiento del 90%, pasando de 273 a 519 niños). El alcalde, Luis Menor, destaca el componente industrial que comparten con San Cibrao y coincide con su homónima en los motivos de este desarrollo.

El impacto de las familias jóvenes en Pereiro es tan palpable que su centro escolar, el CEIP Ben Cho Shey, se ha quedado pequeño. “Xa tivemos que ampliar dúas veces o colexio; a segunda ampliación estará en funcionamiento este curso”, celebra el alcalde, quien recuerda que está a punto de licitarse el edificio de Secundaria, con capacidad para unos 250 alumnos.

Por su parte, Barbadás sigue consolidando su posición como gran motor residencial ganando 150 niños, alcanzando ya los 840. Mientras, sin formar parte del cinturón más cercano a la ciudad, Allariz ha ganado 217 niños, un resultado de su modelo de desarrollo.

El declive del rural

Mientras el entorno de la ciudad absorbe el crecimiento, las grandes villas de la provincia sufren las consecuencias del declive. O Barco de Valdeorras ha perdido 430 niños desde principios de siglo. Verín tiene 262 menores menos y A Rúa 149.

Pero el verdadero drama se esconde en los pequeños pueblos. Calvos de Randín ha perdido el 80% de sus niños en 24 años, pasando de 40 a tan solo 8. Padrenda pierde un 77% (cayendo a apenas 34 niños). Con tasas de población infantil tan reducidas, el mantenimiento de servicios como las escuelas unitarias se vuelve insostenible.

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