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EXMINISTRO DE LA TRANSICIÓN
"De la Guerra que perdimos todos a la Transcición que todos ganan” fue el título bajo el cual Rodolfo Martín Villa, exministro de los gobiernos de Adolfo Suárez y Leopoldo Calvo-Sotelo, rememoró en el Foro La Región su papel durante los años en los que España transitó desde una dictadura a un régimen democrático, y donde le tocó dirigir a las fuerzas de seguridad de ese período desde la cartera de Gobernación, hoy conocida como Interior.
Vivió años muy complicados, donde ayudó a Calvo-Sotelo en sus objetivos de ajustar a las fuerzas armadas bajo la jurisdicción civil, facilitar la entrada de España en la OTAN, y mantener un diálogo abierto con el PSOE"
La ponencia, enmarcada en las conmemoraciones de los 50 años de la Constitución Española, estuvo precedida por la presentación que Francisco “Paco” Vázquez, histórico alcalde de A Coruña y embajador ante la Santa Sede, hizo del ponente, donde destacó que “lo más hermoso de la convivencia es el intercambio de ideas”.
Sobre Martín Villa, Vazquez comentó que “vivió años muy complicados, donde ayudó a Calvo-Sotelo en sus objetivos de ajustar a las fuerzas armadas bajo la jurisdicción civil, facilitar la entrada de España en la OTAN, y mantener un diálogo abierto con el PSOE para establecer las leyes que permitieron empezar a articular las autonomías”. También señaló “las ayudas y facilidades que facultó durante la tragedia del Prestige, y allanó el camino para la construcción del puerto exterior de A Coruña”.
Es una persona representativa de lo que hoy se echa en falta: en la política española parece que se ha preferido ser hijos de la guerra civil a ser nietos de La Transición"
Ante un auditorio donde estaban presentes figuras como el presidente del Parlamento, Miguel Santalices, y el de la Diputación, Luis Menor, Martín Villa decía que “no se puede caer en el pecado de la soberbia. Dejemos caer en políticos, como en mi caso, un poco de vanidad, más cuando estoy ya en edad nonagenaria”; para posteriormente afirmar que no se reconocía en el retrato trazado por Francisco Vázquez. “Si tuviéramos que escribir la historia de La Transición, de media docena de personas que tendrían que estar, una sería Paco Vazquez. Entendimos el papel que debían jugar los ayuntamientos en la futura articulación de la política española. Es una persona representativa de lo que hoy se echa en falta: en la política española parece que se ha preferido ser hijos de la guerra civil a ser nietos de La Transición”, indicó antes de empezar su semblanza sobre el período.
“Éramos conscientes de que la reforma tenía que ir a modiño”, explicó el exministro. “Se sabía bastante bien lo que había que hacer, pero teníamos muchas dudas sobre cómo hacerlo. Había una idea general, no repetir la Guerra Civil, ni la parte armada, ni el enfrentamiento”. Ese fue el espítitu que, a su juicio, propició el poder navegar aquellos años convulsos.
Dos puntos faclitaron, a su entender, esa navegación: el hecho de que la sociedad española ya fuera “bastante más abierta” que la estructura política, y el hecho de el catolicismo “hubiera hecho ya su propia transición. Eso propició que no surgiera un partido demócrata cristiano” que compitiese por el centro político.
Avanzaba después hasta la época del segundo gobierno de Adolfo Suárez, en pleno debate sobre una ley de amnistía “que dejó a España por primera vez sin presos políticos, y el país sin exiliados”, pero que al mismo tiempo, amnistió al terrorismo, que definió como “el mayor enemigo que ha tenido la democracia”. En ese momento, empezaron a ser conscientes “ de la enorme autoridad que tenían las familias de las víctimas del terrorismo, a las que había que acercarse”, agradeciendo el papel de Pío Cabanillas para que desde el ministerio facilitaran hacer llegar ayuda a esas familias.
“En 1975 éramos un país que tenía el 80% de la renta media europea, en una época en la que no estábamos nosotros, ni Portugal, ni Irlanda. Una situación muy parecida a las cifras de ahora. Estábamos en los 20 primeros puestos del Índice de Desarrollo de Naciones Unidas”, recordaba Rodolfo Martín Villa sobre el panorama que se encontraron al asumir el Gobierno.
La ganancia se aprecia en aspectos como el consumo eléctrico, o el número de estudiantes universitarios, pero sobre todo en “el número de mujeres, que en La Transición eran el 43% de los estudiantes universitarios”. El sentir con el que empezaron su trabajo era “que los españoles querían un régimen democrático. Sentir que Europa no se terminaba en los Pirineos. Pero, sin embargo, también se detectaba que no querían que el cambio desde el franquismo fuera de la noche a la mañana. No se quería una repetición del 14 de abril, donde España se acostó monárquica y se levantó republicana”.
“Llegó así enero de 1977, donde tuvimos dos importantes secuestros, atentados y culminó con el asesinato de los abogados de Atocha”, comentaba el ponente. “Fue el único momento donde vi La Transición en peligro, pero la gestión de todo aquello, la resolución de los secuestros… demostraron que el Gobierno de Suárez, sino constitucional, era plenamente democrático”. Así, llegado 1982, UCD acabó su período. “Considero que fue casi una disolución por cumplimiento de objetivos, como en una empresa”, aseguraba Rodolfo Martín Villa.
Si nuestra oposición aspira a llegar al gobierno, debería mostrar talante gubernamental. Cierto es que tenemos un Gobierno que hace más oposición a la oposición, y así no se puede gobernar"
A modo de conclusión, el exministro reflexionaba sobre el hecho de que “debemos estar preocupados por la situación política actual. Si nuestra oposición aspira a llegar al gobierno, debería mostrar talante gubernamental. Cierto es que tenemos un Gobierno que hace más oposición a la oposición, y así no se puede gobernar”, señalando particularmente “el destrozo institucional que se ha hecho con las últimas leyes. Mejor ser hijos de La Transición que nietos de la Guerra Civil”, insistía el exministro.
No se puede dar un sistema donde dos administraciones pueden no compartir información con el Gobierno"
El presidente del Parlamento de Galicia, Miguel Santalices, tomó la palabra para agradecer al ponente que propiciara la legislación que derivó en las autonomías, antes de pedirle que se pronunciara sobre el actual sistema de financiación. Martín Villa aclaró que “no se puede dar un sistema donde dos administraciones pueden no compartir información con el Gobierno. Fuera del País Vasco y Navarra, el sistema propio es injusto, por no decir inconstitucional” antes de abogar por una gestión de los impuestos desde el Gobierno central.
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