El Sol, la sangre y el Titanic: Así vivió La Región el eclipse de 1912 en Ourense

"FELIZ VIAJE AL MONSTRUO"

En 1912, los ourensanos improvisaron observatorios para seguir un eclipse que La Región narró entre una boda sangrienta y envió un mensaje de felicitación al Titanic. 114 años después, la provincia se prepara para repetir la misma historia

Fragmentos de las publicaciones de La Región en 1912 sobre el eclipse y el Titanic.
Fragmentos de las publicaciones de La Región en 1912 sobre el eclipse y el Titanic. | La Región

A menos de una semana para el eclipse, Ourense se prepara para repetir la historia. Como en 1912, la ciudad rozará la oscuridad total, reservada al oriente provincial. También entonces los vecinos se convirtieron en astrónomos por un día.

La Región publicó que las calles se llenaron de personas mirando hacia el cielo con el “consabido cristal” en la mano, mientras otras subían a Montealegre y a otros puntos elevados. No había lugares oficiales, pero tampoco faltó imaginación.

El fenómeno compartía espacio con las novedades sobre el Titanic y con una “boda sangrienta”. Una fiesta en Triacastela acabó con un joven de 17 años muerto de un disparo tras una disputa por las parejas de baile. Por otro lado, el periódico presentaba al buque como “el transatlántico mayor del mundo” y enumeraba sus provisiones: 75.000 libras de carne, 15.000 botellas de cerveza, 10.000 de vino y 12.000 de agua mineral. Después lo despedía con una frase que ha envejecido mal, o por lo menos hace gala de un macabro sentido del humor: “Feliz viaje al monstruo”. Cuando se publicó, el barco llevaba más de dos días hundido en el Atlántico.

Mientras las noticias marítimas llegaban con retraso, el eclipse cumplió el horario previsto. Según La Región, comenzó en la capital a las 10.25 horas. Allí se observó parcial, aunque la expectación bastó para que “en un momento se improvisaran multitud de observatorios”.

Algunos acudieron al observatorio del Instituto de Segunda Enseñanza, el actual IES Otero Pedrayo, y otros prefirieron buscar altura. El diario describió cómo la luz adquirió “un tinte de pálida tristeza, que parecía dar la idea del aniquilamiento de la vida”. El estilo periodístico no se andaba con medias tintas: el Sol apenas se ocultaba y ya se especulaba con el fin de la existencia. Poco después, el astro recuperó “su antiguo aspecto”.

Los telegramas mostraban que la fiebre astronómica se extendía por España. En Ferrol se suspendieron las clases, en Zaragoza balcones y azoteas fueron protagonsitas y en Jaén se organizó una excursión.

El día 18, La Región ya recogía el “horror” provocado por el naufragio del Titanic. En apenas dos números, narró una boda sangrienta, deseó feliz viaje a un barco ya hundido y contempló el posible aniquilamiento de la vida. Desde luego, no fue una mala semana informativa.

Contenido patrocinado

stats