Sufre ataques de pánico cuando ve a su vecino de Punxín: “Me tocó y baboseó la cara”
TRASTORNO DE ANSIEDAD
El inculpado admite que entró al baño pero salió “con la cremallera bajada”
Don Arturo, tal como aún le llama la denunciante, era un buen vecino hasta que el 19 de mayo de 2023 se convirtió en un presunto agresor sexual. Sobre las 20.40 horas, acudió a la casa de E., en un pueblo de Punxín, con el pretexto de darle unos huevos y algo de verdura. También aprovechó para ir al baño, sin pedir permiso, para salir con el pene en la mano, tal como relata la inquilina de la vivienda. Los prolegómenos de un ataque libidinoso. “Me tocó los senos, me agarró el culo y me baboseó la cara”, declaró la víctima, de 56 años. La única explicación que recibió fue explícita: “Me dijo que quería follar, porque tenía muchas necesidades”.
Desde ese día, la relación de vecindad se rompió. La denunciante sufre un trastorno de ansiedad con ataques de pánico -continúa de baja laboral desde diciembre de 2023- y una buena amiga le dejó un piso en la ciudad para evitar que tuviera que verlo. “Me vigila y me observa continuamente”, aseguró la perjudicada en el juicio celebrado este miércoles en el Penal 2.
Arturo C.P. (66 años) está acusado de una agresión sexual y el miércoles fue juzgado por este delito. Negó todo: “Nunca la toqué, ni con una uña”. Admitió que entró al baño, pero salió “con la cremallera cerrada”. Días después la mujer grabó una conversación en la que le recriminaba su comportamiento. En el audio, que se escuchó en la sala, el acusado admite que podrían “echar un polvo” si ambos están de acuerdo.
Una amiga de la víctima acreditó el estado vulnerable en el que se encuentra actualmente la denunciante: “Antes era la persona más segura que conocía y desde hace año y medio es la persona más insegura que conozco”, relató. “Tiene miedo a todo, a vivir sola, no se concentra en nada (…)”, añadió la testigo.
El agente de la Guardia Civil que le tomó declaración habló de una denuncia “coherente” y aludió al “estado nervioso” de la mujer.
La fiscal reclamó una pena de cárcel de dos años y un alejamiento a 300 metros durante cuatro años, lo que implicaría que no podría vivir en su casa (están a 150 metros). La indemnización por daños morales la fijó en 1.000 euros mientras la acusación particular la elevó a 6.000 al tener en cuenta también las pérdidas económicas. La denunciante ganaba 1.328 euros al mes en la ayuda a domicilio y ahora, con la baja, “unos 400 euros menos”. Y plantea el acoso grave (“stalking”) como alternativa en caso de que la jueza no considere acreditada la agresión sexual.
En su derecho a la última palabra, Arturo atacó de palabra: “No trabaja porque la echan a los dos días y de ahí vienen sus males”.
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