Tradiciones que reviven momentos

EXPERIENCIA ACTIVA

La residencia de Lobios de la Fundación San Rosendo celebró la tradición de los Maios para dar la bienvenida a la primavera y llenar de recuerdos de otros tiempos la memoria de los residentes y trabajadores.

Este tipo de iniciativas son muy bien recibidas por los mayores.
Este tipo de iniciativas son muy bien recibidas por los mayores. | FSR

Dicen los expertos que la memoria olfativa es una de las más fuertes y de las que nos ayuda a revivir momentos con mayor intensidad. Sin duda, las flores son el elemento conductor perfecto para evocar recuerdos a través del olfato. Eso, junto a la fuerza de las tradiciones que una vez fueron parte de nuestra vida -especialmente todas las que se refieren a la etapa de la infancia-, convierten a la fiesta de los Maios en una herramienta idónea para poner en marcha la maquinaria de la memoria.

Lo saben bien en la residencia de Lobios de la Fundación San Rosendo, donde un año más se han unido a celebrar la vegetación y colorido de la primavera con gran éxito. “El año pasado ya hicimos unos maios y la verdad es que les gusta bastante porque es una forma de contacto con lo que hacían antes”. Lo cuenta Antía Conde, educadora social del centro de mayores de la localidad de A Baixa Limia, explicando que este tipo de actividades que trabajan la memoria y los recuerdos son muy beneficiosas para los residentes, no solo por mantener sus mentes activas, sino también porque permiten “ubicarlos en el tiempo, saber en qué época del año están; estas tradiciones les acercan mucho a la realidad”.

El olor de las flores despierta recuerdos en los residentes.
El olor de las flores despierta recuerdos en los residentes. | FSR

Además, son ellos quienes lideran todo el proceso, desde la recogida de las flores que mejor se adaptan para la decoración hasta las que mejor hacen de base para la estructura. Aquí es donde entra más en juego esa memoria olfativa que no solo les conecta con la naturaleza, sino que trae a su boca las canciones con las que años atrás solían celebrar la primavera. Y lo hacían siempre en comunidad, como ahora junto a sus compañeros y los trabajadores de la residencia.

En esta fiesta de las tradiciones “nosotros también aprendemos mucho de ellos”. Cuenta Antía Conde que los mayores le enseñan canciones, “me explican cómo es mejor colocar los elementos de los maios”… Son instantes de convivencia en los que todos pueden aprovechar el momento. Porque aprender y enseñar son las claves que permiten mantener vivas costumbres como los maios y, sobre todo, de unas actividades derivan otras. “Muchos de los residentes son de la zona y mientras preparan la decoración van compartiendo experiencias, comparando historias y aprendiendo unos de otros”.

Los usuarios de la residencia de Lobios prepararon un maio.
Los usuarios de la residencia de Lobios prepararon un maio. | FSR

De los 80 usuarios que residen en el centro de Lobios de la Fundación San Rosendo, fueron solo unos pocos los que se han animado a participar activamente en la elaboración del maio. Pero, poco a poco, el resto de compañeros, trabajadores e incluso familiares se han ido contagiando de ese espíritu de la primavera. “El maio está en una zona visible, donde todos pueden verlo y eso ha despertado muchos recuerdos”.

De eso se trata, de mantener viva la memoria de los residentes y hacerles partícipes de las actividades. “Estas propuestas más dinámicas les encantan porque se sienten implicados”, explica Antía Conde. Estos días, los usuarios de la residencia de Lobios se encuentran ya en plena decoración de las instalaciones, con motivos que se van adaptando a cada estación. Ahora toca verano y ya se han puesto manos a la obra para preparar la siguiente gran fiesta, que será un San Juan adaptado a sus circunstancias, pero en el que no faltarán el lavado de cara con las hierbas propias de esa mágica noche o los deseos de espantar a las meigas.

Con los maios recordaron también las canciones que solían cantar.
Con los maios recordaron también las canciones que solían cantar. | FSR

Así, el centro de A Baixa Limia acude puntual a todas las tradiciones completando el calendario anual de la mano de sus residentes. “Celebramos todas las fiestas, además de los Maios tuvimos hace nada el Domingo de Ramos”, por ejemplo. Todo para mantener activos a los usuarios y hacer que la memoria de los tiempos siga viva con ellos.

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