El "veroño" ahoga al comercio local de Ourense: “No se vende y los gastos no esperan”

VERANO ETERNO

Las altas temperaturas registradas las últimas semanas estancan la mercancía de abrigo en las tiendas de Ourense

Un escaparate en la calle Santo Domingo con ropa de invierno y paraguas, artículos que los ourensanos aún no han necesitado este otoño.
Un escaparate en la calle Santo Domingo con ropa de invierno y paraguas, artículos que los ourensanos aún no han necesitado este otoño. | XESÚS FARIÑAS

El “veroño” que ha protagonizado estas primeras semanas de octubre está pasando factura al comercio local ourensano. Mientras sectores como la hostelería han visto un incentivo en esta prolongación del verano, las tiendas de ropa y calzado atraviesan un momento de “calma tensa”.

Con los escaparates y almacenes repletos de artículos para el frío y la lluvia, las altas temperaturas mantienen alejados a los compradores. “La climatología tiene mucho que ver con las ventas”, asegura Beatriz Gómez, presidenta de la Federación de Comercio de Ourense, que añade: “Antes los niños empezaban el colegio y prácticamente a los dos o tres días iban vestidos de invierno”.

La falta de demanda de nuevas prendas, unida a un contexto económico complicado, hace que las familias “retrasen las compras todo lo que puedan”, generando así un escenario en el que “no se está vendiendo ropa ni de verano, ni de invierno”. El principal desafío para los comerciantes no está tanto en la caducidad del producto, sino en un problema de liquidez. “El textil, calzado, todo eso se puede guardar, pero los gastos no esperan”, lamenta Gómez, que subraya que pese a no vender, hay facturas que pagar y, en algunos casos, sueldos que mantener.

Rebaja forzosa

Algunos comerciantes empiezan a replantearse su continuidad. “La situación está haciendo que algunos se desesperen y ya empiecen a pensar en bajar la persiana en poco tiempo”, indica Jose Cid, presidente de la Asociación de Comercio Textil de Ourense, que explica que la mercancía se pide “a unos nueve meses vista”.

Mucha de la ropa que se está acumulando en los almacenes se acabará vendiendo en la temporada de rebajas, por un precio inferior. Con el Black Friday a la vuelta de la esquina en el mes de noviembre, los comerciantes se verán empujados a bajar los precios, reduciendo así su rentabilidad. Gómez advierte que la necesidad por dar salida a la mercancía acumulada “provoca que se encadenen descuentos, pero luego el margen no es el que tiene que quedar”.

A este complejo escenario se suma el cambio en los hábitos de consumo. “Los clientes se han acostumbrado a los constantes descuentos de las grandes superficies y tienden a comprar por impulsos”, indica el presidente de la Asociación de Comercio Textil.

Con todo, el sector tiene claro que su supervivencia pasa por poner en valor el trato humano que ofrecen, con una atención personalizada. Lejos de competir exclusivamente en la carrera de los descuentos, la diferenciación del pequeño comercio reside en la cercanía y el cuidado de los compradores habituales. Como señala Cid, el camino a seguir es la atención honesta. “Simplemente, es una cuestión de trabajar con tu cliente todos los días, enseñarle lo que tienes diferente, lo que no va a encontrar en otro sitio y no engañarlo”, apunta.

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